viernes, febrero 27, 2009

Tempus Fugit Est

Así comienza mi última novela "Tempus Fugit Est", obra parida en busca de lectores o editores. Una colección de relatos que expía parte de mi reflexión sobre la felicidad humana y sus componentes dentro de la empresa “moderna”: los sueños y las aspiraciones, el éxito, el amor en sus diferentes vertientes, el fracaso, la muerte. Son pequeñas historias ficticias pero que siempre arrastran un poso de realidad, que remueven las entrañas del lector unas veces mediante una propuesta absurda que incita a la reflexión, otras por insinuaciones contagiadas de ironía o de humor, la más, a través de perfiles humanos que nos retan. Son largas horas las que dedicamos a nuestra vida profesional pero creo que muchas menos las que dedicamos a escarbar con interés en la pregunta: ¿Somos realmente felices en lo que hacemos?

Tiempo estimado de lectura: 10'

«Sed fugit interea, fugit inreparabile Tempus.» «El tiempo pasa irremisible, intensamente.» (Virgilio)

Los ingenios sobre el tiempo siempre han existido; fueron los dioses medievales, los constructos de los sabios quiromantes o las ensoñaciones de algunos matemáticos inefables del barroco europeo. Sentimos el tiempo como una odalisca fofa, un ave rapada que se contonea imitando una noria desmembrada; es la vejez que se torva oscura, que se rapa el vello de las axilas, que nos escupe y que nos engaña y nos acompaña por caminos equivocados hasta la muerte.
Peor sucede ahora cuando nuestra sociedad babea por el tiempo de los demás: y esto tiene nombre, lo llaman el capitalismo facilón del cronógrafo, de la agenda electrónica, del «possit», de las citas, del móvil ultracompacto que nos recuerda cuanto tenemos que hacer y que siempre hemos llegado tarde. Es la secretaria perpetua y automática que nos organiza la jornada, el remo de nuestra personal galera diaria, la que llama a nuestros clientes sin darnos cuenta e incluye los familiares y su revisión anual. «Tempus Fugit», tiempo en fuga, y tras él nuestra hirsuta felicidad, la de los mejores recuerdos adolescentes, la de los deseos irrealizados, son aquellos que embuchamos y que nos engordan en el comedor de empresa al recordarlos.
Erase que se era una sociedad anónima cuyo fin primero, su misión y visión eran ofrecer la felicidad a los terráqueos y en concreto a los habitantes de las grandes empresas, de las multinacionales. Y vendían que esta felicidad proporcionada debería corresponderse con la felicidad máxima, prudentemente personalizada para que sus clientes dispusieran de jugosos sueños: la capacidad infinita de dormir alguna hora más de madrugada, de mantener una segunda vida y quizás una ulterior oportunidad a la cual afanarse. Romper con la monotonía, el maquinismo del trabajo. Para conocer paisajes diferentes, para amar en tecnicolor y para morir por un ideal heroico y digno. Y nuestra organización tenía por singular nombre «Tempus Fugit» y con sabiduría hubo patentado un servicio en exclusiva que proporcionaría tal grado de bienestar y satisfacción: ofrecía a sus clientes empresariales «contadores de historias», cuentacuentos para organizaciones multinacionales, bufones disfrazados que se paseaban por las sedes y «headquarters» para animar así a los trabajadores cabizbajos, sobrecogidos por la incertidumbre de su responsabilidad. Todo esto, por supuesto, acompañado quizás por la dosis tecnológica precisa: cuentacuentos electrónicos por teléfono, DVD interactivos, canales de contenidos en la red, lo que fuera necesario para mejorar la «experiencia narrativa». Decía en su publicidad «créannos, que nos roban los sueños y nos hacen vivir a disgusto. Porque escasean sus trabajadores centrados y eficientes, nosotros les ayudamos a retenerlos, a recuperarlos y les pintamos sus sueños, aquellos que se les secaron, les construimos y envasamos aquellos que más les guste y necesiten.» Y luego mencionaban torticeramente a quien hiciera falta, siempre y cuando estuviese de moda, «porque se habla de la necesidad de construir nuestro sentido de vida», aunque por casualidad se les hubo olvidado mencionar que la felicidad tan sólo ocupaba un fragmento breve de nuestra libertad personal última. Aquella idea, la de contar historias también encerraba su doble intención. Guardaba consignas. Y los nuevos ensoñadores tergiversaban sus discursos mezclados con «product placement» y otras artimañas para incentivar un fiero «cross-selling», un arriesgado y taimado modelo de negocio. «Todo realmente innovador, todo muy cool»
Sus narradores por otro lado funcionaban a las mil maravillas. En nuestra sociedad de consumo esta empresa había discernido que contratando a un «pull» de escritorcillos frustrados y guionistas de segunda sería capaz de hacerse con la maquinaría atroz que ejecutará contenidos personalizados y bajo demanda. Siempre hay un san Martín a la medida de nuestra necesidades: para las azafatas, el vuelo en exclusiva acompañando a su actor favorito. A las teleoperadoras, un mes de silencio. A los poetas de los departamentos creativos, un atril y millones de lectores expectantes. A los solitarios financieros, una amante loca por los créditos revolver. De esta guisa buscaban ocupar las estrechas alacenas de nuestro tiempo vacante con emociones fabricadas, enlatadas y listas para el toque definitivo de «postponed emotion». Y ocupaban los corazones de dichos trabajadores para que no sintieran su propia infelicidad, latiendo con fuerza, sus canas y su calvicie agresiva, mezcla de estrés, mezcla de melancolía no diagnosticada a tiempo.
Imaginen: es el paisaje madrileño, los cuatro torreones del castillo que se yerguen sobretodo, el cristal y el asfalto, son pirámides con sus tumbas de faraones, que se ven desde cualquier lugar, desde la sierra, desde el río Jarama, desde San Martín de la Vega, son el punto atractor de nuestra mirada, camino y peregrinaje definitivo.
Imaginen: una gran cristalera de uno de estos mastodontes y el horizonte abierto, y las nieves que se enganchan en las cumbres y muchos metros abajo, la singular culebra de la N1. Una ligera neblina rezuma, el diablo que consigue alzarse sobre la contaminación metropolitana. Las mejores salas de presentaciones se localizan en los pisos superiores y su alquiler por horas cuesta una fortuna. Forradas de pizarra o mica, el cuero cruje y acaricia nuestros traseros. A pesar del lujo nadie quiere mirar la proyección, ni tomar las viandas de suculentos ibéricos acompañados de Pérez Pascuas, todos quieren arrojarse por las vidrieras y si tuvieran un catalejo buscarían su barrio, su casa, sus hijos marchando a la escuela. El lujo y la ostentación acompaña y atonta. Y a ultranza la altura parece hacernos un poco más dignos. Ésta es parte de la estrategia empresarial de «Tempus Fugit», conmocionar al cliente.
–Hemos diseñado nuestros contenidos cuidando fondo y forma, siempre sin ostentación ni ruido morfológico ni semántico. Evitando lugares comunes, «of course», arañando… –Este era Jaime Peñalver, el DC o Director Creativo, un pájaro de cuidado, ojos intensos, azules como la nieve, y pedazo de MFA de la Wharton Business School–…el interior, raspando los intestinos de sus empleados. Estos rellenan el formulario, todo muy simple y para el Consejo recogeremos las recomendaciones del «coacher» personal…
–¿Y habéis valorado los «adhoc meetings»? –Preguntó el directivo responsable del proyecto en la compañía cliente. Éste era un tipo más bien anodino, con voz arrastrada, visiblemente preocupado por cumplir en tiempo, que no en calidad, tal vez porque no entendía el sentido. No creía y lo disimulaba mal. Quizás por esto era el máximo responsable de las finanzas de la compañía, era un ser cuadriculado, era de los que decían que había que llegar uno mismo motivado al trabajo porque sino….era un fan del látigo y la orden perseguida, y así él cuidaba a sus muchachos del departamento. Y bien que le iba a su manera.
–Sí –Jaime Peñalver responde mientras consulta ciertas notas que hasta ese momento mantenía escondidas en su portafolios. Entona sugerentemente–:disfraces, siempre todo muy «casual», gente guapa, profesionales del teatro. No es un simple cuenta-cuentos a la puerta del edificio, no es un mero entretenimiento, es la catarsis misma –y enfatiza esta última palabra, pero lo bien cierto es que nadie en la reunión había leído a Sófocles, y se da cuenta de su error e interrumpe su discurso–… ¿más café?
Se levanta el responsable de la cuenta, se atornilla la sonrisa y sin quitar la mirada de la cristalera espeta:
–Claro, con los resultados del piloto les propondremos nuevos cambios, adaptaremos los objetivos a sus particulares necesidades, complementaremos el «media» y les ayudaremos en la comunicación interna. ¿Qué fechas...? –Siempre, siempre, las puñeteras fechas, más todavía si se quieren cumplir los objetivos de ingresos del semestre. Aquel cliente pagaba mucho, era un pez gordo, harían lo que fuera por fidelizarlo a martillazos, por adherirse a sus ricas ubres –¿…Qué fechas manejan para adjudicar el contrato?
Aquel responsable de la cuenta tenía un simple objetivo. Zamparse al cliente, volver a casa con un «sí» a cualquier precio, sus jefes han sido explícitos: «sus huevos o tu cabeza», y aunque no hacía falta ese lenguaje soez, él sabía que lo ejecutarían sin temblarles un ápice del peinado. Y aunque extremadamente «senior», tipo experimentado que paladeaba el miedo y la adrenalina, sentía como cualquier otro el tiempo fugaz, su tiempo, que se le resbalaba en la clepsidra, agotándose. Entonces mira a Peñalver y le hace una seña cómplice; es la hora de la infantería pesada. Aquel contrato los haría ricos, sólo había que mirar la cara de esos desgraciados. Sabía que estaban en sus manos. Hace un gesto y un panel se desliza y deja al descubierto una inmensa pantalla de plasma. Engola la voz, aquello lo ha practicado miles de veces. Lo sabe de memoria. Un toque de efecto y a los clientes se les cae las bragas, aquel video que van a proyectar impacta, conmueve, les hace volar.
–Señores, llámennos raros pero en «Tempus Fugit» todavía creemos en la literatura. Creemos en su capacidad de transformación, en la magia de las palabras. Vamos a enseñarles una cata de nuestra propuesta de textos para su piloto, pueden estudiarlo al completo en el «Customer Agreement» que les entrego. Nos han hablado de la situación de su empresa, de la crisis de su sector, del horrible fracaso que están experimentando sus lanzamientos. Su última encuesta de motivación revela datos alarmantes…
–Siga, todo eso lo sabemos. –Era el directivo de la empresa cliente que se impacientaba.
–…Creemos que no valen ni son efectivas las actividades tradicionales: convenciones y encuentros semestrales en hoteles, regalos, cursos sorpresa, mejoras de horarios, rotaciones… no, no, hay que llegar al fondo… tocar diana. Conmover el corazón de sus trabajadores, hacerles pensar en la cama por las noches sobre los orígenes de su amargura, descubrir qué deberían cambiar para ser más felices, y de paso llegar al trabajo a su hora. Ellos están ocho horas con Vds., les tienen secuestrados, en su terreno. Es el lugar propicio para…
Entonces la luz de la sala se desvanece. El directivo de la empresa cliente se recuesta en el sofá de cuero, bosteza levemente dispuesto a escuchar. Y es que tiene encima con este proyecto de motivación un severo problema y debe quitárselo cuanto antes. Salvo que sea un pestiño insoportable firmará aquel tonto piloto, pero eso se lo guarda por hoy, lo dejará desgranar, y se lo comunicará en un par de semanas; conseguirá cualquier ventaja adicional de pasta. Sabe que su empresa está debilitada, en retroceso sino en franca destrucción; si esto ayuda a alguien, tiempo tendrán de verlo.
O quizás no, quizás ya no les quede tiempo. Pero esto, por el momento nadie se lo imagina.




NOTA: He elegido este vídeo de Bob Dylan como "soundtrack" de mi libro.
Aquellos lectores de la novela sabrán entender las razones.

lunes, febrero 23, 2009

Babel

Confluían en Babel multitud de razas, idiomas y civilizaciones. La Torre, abandonada y en ruinas, se cimbreaba, mecida por los tiempos de Oriente y Occidente.

En Babel, únicamente los muy ancianos habían conocido la Lengua Única, bajo la cual fueron edificados los cimientos originales de la vieja Torre. Después, arrojada la furia de Yahvé, los trabajos de construcción divergieron por derroteros fantásticos: cada maestro edificó según su propio y original criterio, incapaz de entenderse con el resto de lenguas de los artesanos de la obra.

Y muy al contrario del resultado que las crónicas nos transmiten, la aparente confusión de estilos y mezclas técnicas dotó al precario conjunto de una belleza y equilibrio que ya nunca después podría encontrarse en posteriores arcadas y cruceros de las catedrales; además, aquel sin fin inimaginable de constructos, si rivalizaban en belleza y originalidad, no guardaban comparación con el resultado de la Torre en su conjunto.

En fin, que fueron buenos tiempos para la Torre y el ansia que ésta representaba. Los maestros arquitectos, canteros, carpinteros, artesanos, plasmaron libremente sus ideales y sueños en aquellas piedras, relevándose en aquel singular trabajo año tras año sin descanso. La Torre no podría ser terminada nunca (como no tiene fin la imaginación y creación del ser humano) y cada piso albergaba nuevas y más arriesgadas cavilaciones de sus creadores.

Muchos turistas, llegados de lontananza, admiraban la singular y bella construcción que se alzaba sobre las nubes hasta acariciar casi las barbas divinas. Quizás, acrecentada la furia de Yahvé por semejante dislate, (éste) deseó ocultar el espectáculo de la Torre a los mortales, y mandó así cubrirla con perennes borrascas y nieblas; aún así, el regocijo contemplativo de sus absolutas y singulares maravillas parecía no verse mermado en gran medida...

Y aunque los pisos se sucedieron los unos a los otros y los maestros continuaban aparentemente alzando la construcción sin tregua, la cada vez más dificultosa comunicación de los artesanos con los visitantes (para transmitir sus ideas) que observaban (impávidos) la elevada altura donde se trabajaba, unido a la oscuridad de las tormentas, poco a poco iría dificultando la admiración de los pisos superiores (que sin duda eran a todas luces los más perfectos y singulares. Quizás, por eso fue que, la gente, entretenida por los quehaceres cotidianos, se fue conformando con una idea baga y simple de los tesoros contenidos en la Torre. Y como fue que iban perdiéndose el interés por su mayor y nueva diversidad, fueron cada vez menor el número de constructores atraídos por la aventura esforzada de participar en la Torre y cada vez menos los espectadores dispuestos a indagar en sus maravillas: todos ellos se iban conformando con una idea rápida y superficial de la misma.

De la misma manera que la secuoya muerta no pierde todas sus hojas hasta bien transcurridas las centurias, la Torre mantuvo una lenta agonía. Nadie advirtió ni se preocupó de la paulatina escasez de nuevos artesanos y el postrero abandono de los proyectos más arriesgados. Y cuando un día finalmente se hubo cerrado la Torre, nadie se quejó, apenas se visitaba aquella parte de la ciudad: los pobladores de Babel ahora disfrutaban con alegres y sofisticados devaneos, puesto que a pesar de la gran diferencia de costumbres e idiomas, habían desarrollando la habilidad de comunicarse fácilmente mediante rudimentarios símbolos. Este nuevo y práctico Lenguaje había hecho innecesarias las Artes, si bien había permitido desarrollar ingentes nuevas ciencias, en especial aquellas asociadas al Comercio y la Guerra.

Así fue como se olvidó el afán constructor de los hombres y su interés para alcanzar los cielos. Los aviones y cohetes ahora sobrevuelan el firmamento, dejando la vieja Torre muy por debajo de ellos; también dicen que Yavhé ha quedado en algún lugar desconocido, muy por debajo de aquellos artefactos. Pero a nadie le preocupa esto en absoluto.

Mi texto, sin animo de competir competir con esta otra Babel, de Alejandro González Iñárritu.

jueves, febrero 19, 2009

La muerte en directo

Cuando la muerte me llame que me lo suplique en hinojos, que sea rápido e indoloro…Y en privado. Pero hay mucha gente que no piensa exactamente así, por ejemplo, Jade Goody. Pero esto ya lo había visto yo antes, que la idea es original de Taberner y su “Muerte en Directo”.
Saben, a vueltas con mi reflexión sobre los medios, que la chica se nos case en directo y exhiba su enfermedad terminal no me seduce ni me escandaliza. El otro día, mientras tomaba café y esperaba no sé qué, en la tele alguien tuvo la feliz idea de proyectar lo siguiente: habían atropellado un perro cruzando una autopista en el marasmo de la circulación, otro perrillo (¿su compañero, su amante?), se esforzaba por arrastrar el cadáver fuera de la calzada… al verlo, un escalofrío se instaló en mi corazón. Un animal exhibiendo un sentimiento tan profundo.. ¿tan humano? No quiero decir con esto que la pobre de Jade Goody sea una mal bestia, o una madre interesada (como dicen) que vende su intimidad para salvaguardar la prole tras su muerte. No lo sé. Hubo un tiempo que intelectualmente vendía este tipo de escándalo, el exceso, la contrapuesta, la pornografía social, eran los tiempos de Taberner (que por cierto, no supo tampoco explotar). Ahora todo esto huele a pan de circo. A hoja caída que se pudre y que pagamos por pisar. A pelea de perro.

Cuando nuestra privacidad se mensura y se le pone un PVP y se acepta su mercadeo, pues eso, es un producto más. Nada más. Eso tiene el valor que tiene. Otra cosa es el valor del que se agarra al asiento y pretende hacer de este entretenimiento su mejor calidad y modo de ocio para vivir. Valoremos cómo nos gusta divertirnos si no queremos terminar con las neuronas secas y refritas. Entonces quizás, este mercado será un mercado “vacío” (y a ver qué publicista lo esponsoriza entonces) al utilizar este botón del mando, aquel tan guapo y apenas gastado por nosotros donde se lee “OFF”.



«No digamos la palabra del canto,
cantemos. Alrededor de los huesos,
en los panteones, cantemos.
Al lado de los agonizantes,
de las parturientas, de los quebrados, de los presos,
de los trabajadores, cantemos.
Bailemos, bebamos, violemos.
Ronda del fuego, círculo de sombras,
con los brazos en alto, que la muerte llega.» (Sabines)

miércoles, febrero 18, 2009

Asesinato de la generación 2.0

Era evidente y por otro lado era esperable: Miguel Carcaño tenía su correspondiente perfil en tuenti; el asesino también compartía con Marta su “otra” afición, y eran las redes sociales. Lugar común, de encuentro y desencuentro de hoy día. En clave cínica, qué fácil es abrirse una cuenta en myspace, en facebook y ponerse manos a la obra. Arriba la farsa.

Los periodistas dicen que de todas las redes (mafia, droga, tráfico de influencia…), las sociales son las peores. Será por no hablar del tiempo. Y no se cansan de prejuzgar con amarillismo y se regocijan escupiendo viento en contra (el pis empapando sus ojos pero aún con eso siguen erre que erre). Claro, ahora que lo pienso, será que los programas de cotilleos, sus maniqueísmos mediáticos, sus manipulaciones de marionetas son mucho más sanos para los corazones adolescentes. Ahondan el espíritu y abren los pulmones como las friegas de “vis vapurus” de la madre. Después de una maratón pornográfica de cotilleo (la “Chonchi” mostrando sus tripas al cielo abierto) me están entrando unas ganas terribles de “invitarla” a ni red de contactos, quisiera conocer todo de ella, el tamaño de sus bragas, ser su máximo seguidor y perseguidor, el postrero y pertinaz fan en twitter. Claro, para mentes resecas la red es la noticia fácil (hemos rascado la misma neurona y debe estar bastante irritada) y como buenos españoles que somos, ¡venga la envidia por delante!: a joder.

Claro que Marta tenía a todos sus amigos enganchados al Messenger. Obligada estaba. Claro que allí se coció su tragedia. Cómo no.

Pero el poso es bien otro. La poltrona de la televisión no educa. Los mass media mediatizados esclavizan. Somos libres (lo creemos), pero leyendo de torcido en los periódicos, todo lo que sucede en la red es sucio o gris y peligroso. Señores padres, den carpetazo de cierre a sus ordenadores en los dormitorios ¡Conculquen la libertad a sus churumbeles!¡Qué sean presa de los medios mediocres! Apaguen sus portátiles o que sólo visiten los periódicos oficiales.

Otro día más sin encender la tele. Qué ilusión. Las noticias me llegan por móvil. Leo mi inmácula selección de blogs. Soy un desinformado total.

En mi ignorancia veo la luz.

Post Data: Marta, he visto tus ojos hermosos en los carteles aconcogojados, ahora pendulean por las paredes conmocionados y solos. Tu familia llora. Que el criminal sea castigado, caiga la ignominia sobre su nombre, hagamos una causa común, férrea y de hierro contra el maltratro. No más Martas, que tu crimen sea de línea de salida, de camino de llegada. Nunca más otro maltrato. Que tu cuerpo no lo coma el río, que torne a casa, que tu destino guarde un sentido.

miércoles, febrero 04, 2009

Los tiempos de Humboldt (IV)

Luego Humboltd decidió actuar de la siguiente forma: los reunió a todos y dijo que primero le llegaran los más valientes, y después, por orden preciso, serían recibidos los otros, los pusilánimes ¿Si tuvieras una espada mellada harías de ella un estandarte?, les preguntaba, y todos le sonreían, como si aquel acertijo escondiera otra ignota sorpresa.
Fuera, por turnos, el resto esperaba su justo proceso, la lluvia golpeaba los rostros, fumando, meando las paredes, algunos festejando la llegada del año chino; pero todos ellos desmochando su horror, espetando palabras de consuelo o dolor o advertencia.

martes, enero 20, 2009

Las lágrimas de Marina

Marina decía que aquello era una “bomba de tiempo”. Y mientras nos lo contaba, su mirada se resquebrajaba un poquito más. Se nos hundía entre los dedos. Porque Marina es un león, un fiero gato que había abandonado Chile engañada por las circunstancias y sentía morirse poco a poco en Madrid. Todos le habían mentido. Decía que las cosas se las pintaron de colorines, no tal cual son en la realidad: el dinero no manaba del banco, todos son gastos y su familia se desparramaba partida por el océano.
Cuando perdemos las raíces somos hombres de paja. Su marido marcha a la construcción a la costa mediterránea, se ven cada dos semanas. Sus hijas juegan una adolescencia desbocada en un país ajeno. Su anciana madre reclama su retorno cada fin de semana por teléfono. Marina se siente traicionada. Éste no era su sueño. Los emigrantes son engañados, son el eslabón débil, el esclavo de hielo, son el batallón que toma las trincheras del Armagedón a trasfigurar de nuestro tiempo horroroso.
Las lágrimas de Marina saben a lágrimas porque lo son y porque golpean el suelo con un tic-tic parecido a la lluvia. Son tan pálidas y tan solidas.

viernes, enero 16, 2009

Los tiempos de Humboldt (III)

Era Humboldt un corazón endiablado, un tirano del cieno, de la noche. Un corazón de balsa. Los tiempos de Humboldt arrastrarían cadáveres y salvajes barbarismos. Había llegado de la nada, pero entre sus uñas la sangre se le resbalaba, era torpe esperar mejores esperanzas que no fuera participar de una carnicería de lobos.

Era todo un salvaje.

miércoles, enero 14, 2009

Los tiempos de Humboldt (II)

Humboldt miraba subido a la azotea del torreón. A sus pies una llanura. A sus pies cabezas que se contorneaban, iban y venían ocupadas. Había subido las mil y una escaleras. La mañana despuntaba.

Sabía que éllos lo sabían. Por el momento le era suficiente.

Los tiempos de Humboldt (I)

De repente llegó el día. Allí fuera nevaba, hacía un viento gélido, era una capa tras otra de hielo acumulado, tipo pastel milhojas con láminas de crema pastelera, las más de nata. Los viejos del lugar se apaleaban por recordar tiempos pretéritos, tiempos como aquel que se acaecía de inmediatoy buscaban tiempos antiguos, pero sus mentes se resbalaban por los años pretéritos, inermes por las estaciones que caducas habían caídos por los suelos y ahora eran hojas muertas.

Había llegado los nuevos tiempos de Humboldt.

miércoles, diciembre 17, 2008

«La Regenta»

Hace unos días mantuve una charleta sobre la calidad de los contenidos. Nadie lee a nuestros tostones clásicos porque aburren y no aportan, se decía. Quizás yo opine otra cosa.

Dicen de «La Regenta» que es un libro ufano de viejos, un mar de palabras vanas, un vacuo entretenimiento decimonónico y truculento, un relajo de los siglos lentos, algo obsoleto como cuando comparas tu móvil con el de hace seis años y te preguntas cómo pudiste soportarlo tanto tiempo, qué pesado era y aquella antena larga que siempre te molestaba. Nadie lee ahora «La Regenta» salvo en los monasterios de los ingenuos, salvo en las aduanas no transitadas entre montañas, o quizás en el metro mientras te transportas por su línea más larga de un extremo a otro, o si debes esperar la cola del INEM sin esperanza, porque eres un apátrida acostumbrado a lo feo, a lo inútil.
A qué demonios sabe la literatura si apilamos los libros y las estanterías se comban con su peso. Si Clarín fue un mamón que no supo hablar de códigos indescifrables, que no supo colar de rondón ninguna penetración salvaje, que no dulcificó la timorata maldad de las cosas, que no hizo cabriolas para entretenernos y darnos relajo, que no abrevió y escribió sus dos pesados tomos, que no utilizó siglas de SMS.
Cosas aparte, tampoco Clarín leyó a Harry Potter, y, oh, qué sorpresa, no le dio por la novela histórica, ni siquiera practicó el género de guerras ni el folletinesco. Y todo para qué: me pregunto qué valor tuvo tamaña excreción. Propongo se nos apilen en singular fogata todos sus ejemplares publicados y que sean condenados sus tenedores a cruel castigo: quema o lectura, y que ellos elijan. Cuando no quede ni un solo ejemplar llamaremos entonces al espíritu de Clarín, el espíritu que nos restituya del horrendo castigo de sus palabras. Porque es cierto señores, «La Regenta» es un libro envenenado, una fornida noche perpetua: afortunados sus no lectores, aquellos vapores serán no probados y el sopor no contaminará vuestra sangre y seréis prósperos y audaces, que llenaréis vuestros corazones de pistraje de Noche Nueva.

Desprecio

El pasado día 25 de noviembre fue el Día de la No Violencia Contra la Mujer.

El Otero, permanentemente desactualizado, obra en construcción viva, les invita ahora a que detengan el motor de sus vidas, y donen varios minutos a dicha "causa", reflexionen un instante para después seguir con su camino. Que les guste.

De casi todos sus desprecios ella prefería los más taimados porque eran los que más necesitaba, los que más le dolían, los que más la precipitaban al abismo. Había intentado de todo: ser su cómplice, su amante, acendrada ama de casa, jornalera del hogar sin horarios. Sierva y señora. Nada había sido suficiente para apagar aquel pozo húmedo. Porque él se lo había dicho desde un principio, «conmigo tendrás a tu mejor amigo o a tu peor enemigo». Parecía un trabalenguas pero fue ciertamente un acertijo tramposo, nunca adivinó que sería fundamentalmente lo segundo, sería su verdugo, y que las bofetadas nunca dolerían tanto hasta verse finalmente sola como una perra a sus sesenta años, sabiendo que algo se le había perdido para siempre.
Él no supo dar amor y ya no era lo importante. No le odiaba por eso. Estaba cansada. Se despreciaba a sí misma. Era un papel roído, un payaso vapuleado, un excremento solido carente de sentido. ¿Qué le hicieron mantenerse con vida? Veamos: sus dos hijos. El perro. Su madre. Nada más.
Pero todo esto le sabía a obligaciones asfixiadas, a un ir y devenir caduco, más ahora porque ellos dos habían crecido y no la necesitaban en su vuelo, el perro era un cabrón egoísta y su madre había muerto hacía mucho tiempo. Nada más que eso. Había decidido ponerse una visera de burro y tirar con todas sus fuerzas, sola, muy sola, tan sola como su alma le permitiera aquella singladura, era su camino, pero ahora todo había terminado sin previo aviso.
De todos los desprecios hubo un tiempo que llevó su justa cuenta. Hubo un momento que el dolor físico fue soportable porque tenía fin en sí mismo. Fue como el insomnio para los sonámbulos, el patíbulo de los ahorcados, el arma homicida que llevara siempre a rastras, que parece que no te pesa pero que te hiere, y deja una huella absurda, senil, un brazo cercenado por el que pierdes sangre pero no mueres.
Él la golpeaba y luego volvía a hurtadillas a la cama para pedirle perdón, lloraba, se arrastraba, se retorcía simulando ser un león herido. Juraba que no volvería a hacerlo jamás: y le besaba. Todo mentira, todo pose. La torpe justificación del macho, del bruto que no ve sino huesos, piel y carne a quien hollar. Y cuando todo sucede sin que sepas que tú NO ERES EL CULPABLE, y cuando nadie te dice, «ABANDONA A ESTE ANIMAL, vete, déjalo, que se pudra en su miseria», y te enseñan que la servil posición debe ser tolerada, te sientes acorralada, te sientes presa de tu pánico, de unas ganas infinitas de arrojarte por la ventana. Y no pudo ser, la vida se le pasó de largo, le atropelló sin excusas.
Esta fue mi abuela y aquel era el que decía llamarse mi abuelo. A veces me pregunto por cual clase de amor fuimos traídos, otras muchas me sorprendo imaginando aquellos desprecios, porque en un tiempo fueron carne y pan de todos los días y todas las mujeres. Hoy, cuando visito a mi abuela, postrada en la silla, y veo en sus ojos el calor pesado de los años, me doy cuenta del sabor de los sacrificios, de la necedad de los valores apergaminados, de su mano destrozada por la artrosis, huesuda y deforme, que me acaricia, casi como cuando yo era un bebé desnudo y me invita a que nada de esto me suceda.

jueves, noviembre 06, 2008

OBAMA REX

El imperio tiene un nombre nuevo y éste se llama Obama. Es negro, pero por hoy su tez se nos clarea:

-Tengo un sueño - le susurran-, habrá un día en que crucemos las calles todos iguales, y el cielo se retrate bajo un firmamento de soles y estrellas.

Hoy el imperio nos sabe a desfiles, a banderas barradas, a masas que se apelotonan para darle la mano, a embajadores que relamen en sus discursos, a perros que se mudan de acera y envían misivas de despedida, a viejos enemigos que se entrevistan en privado.

Y Obama dice: yes, we can. Y millones de libertos alzan sus brazos, porque siempre nace un tiempo cuando otro se nos acaba (¿y qué dices a esto fiero Fukuyama?). Hubo un tiempo de esclavos negros, pero esa es otra historia. Clinton dijo de sí, que él había sido el primer Presidente negro, y que se había teñido de brea su rostro y su rostro cómico nos recordaba a los primeros fotogramas del “The Jazz Singer”.

-Tengo un sueño -le susurran-, veo una América libre, veo un anuncio en tecnicolor de United Colors of Benetton, veo los amantes de la codorniz abrazados bajo la farsa de la cópula y de la democracia.

Si me encuentran, quiero que lo hagan con Obama. Quiero morir junto a su tumba. Ya sé que es un treta tonta, que su voz me seduce como a las putas en la Castellana, que es un actor de lo falso, que conduce ruinas y lleva la tristeza del capital atada: que es un político.

Pero, ah, sé que necesito soñar por instantes. Creer que detrás de esto yace un prestidigitador honesto. Que el imperio manda a sus huestes con tiento, que mañana habrá nieve y no barro, que los idus de marzo no sobrevienen envenenados.

Que hemos dado un paso para atravesar aquel límite.

martes, octubre 28, 2008

Boots Of Spanish Leather (BOD DYLAN)



Marcho lejos mi amor
marcho lejos de mañana
¿Hay algo que pueda enviarte a través del mar
desde el lugar al cual voy?


No, no hay nada que puedas enviarme mi amor
no hay nada que desea poseer
y tan sólo que te cuides y que regreses intacto
a través del océano solitario.

Sí, pero yo pensaba que podrías querer algo delicado
Una joya hecha de plata, tal vez de oro,
quizá de las montañas de Madrid
o quizás de la costa de Barcelona.


Tal vez si pudiera poseer todas las estrellas de la más oscura noche
y los diamantes del océano más profundo
los cambiaría por tu un único beso
porque sobre todo es lo que más deseo.

Podría estar fuera por mucho tiempo
y por eso te lo estoy pidiendo.
¿Hay algo que pueda enviarte para que me recuerdes
y hacer mi ausencia más llevadera?


Cómo puedes pedírmelo de nuevo,
tan sólo me arrancas las tristezas.
La misma cosa que quiero de ti hoy,
la querré por siempre mañana.

Y me llega su carta un día lejano
Habla de la marcha
Dice que no sabe cuándo podrá volver
Que depende de cómo se sienta.

Y bien, si tú, mi amor, piensas así
estoy seguro que tu pensamiento se evade
y estoy seguro que tu corazón ya no está conmigo
sino con el país al cual marchaste.

Entonces ten cuidado, ten cuidado del viento del oeste,
ten cuidado del viento tormentoso.
Y sí, hay algo que puedes traerme de vuelta a casa,
Unas botas españolas, unas botas españolas de cuero.


Oh, I'm sailin' away my own true love,
I'm sailin' away in the morning.
Is there something I can send you from across the sea,
From the place that I'll be landing?


No, there's nothin' you can send me, my own true love,
There's nothin' I wish to be ownin'.
Just carry yourself back to me unspoiled,
From across that lonesome ocean.

Oh, but I just thought you might want something fine
Made of silver or of golden,
Either from the mountains of Madrid
Or from the coast of Barcelona.

Oh, but if I had the stars from the darkest night
And the diamonds from the deepest ocean,
I'd forsake them all for your sweet kiss,
For that's all I'm wishin' to be ownin'.

That I might be gone a long time
And it's only that I'm askin',
Is there something I can send you to remember me by,
To make your time more easy passin'.

Oh, how can, how can you ask me again,
It only brings me sorrow.
The same thing I want from you today,
I would want again tomorrow.

I got a letter on a lonesome day,
It was from her ship a-sailin',
Saying I don't know when I'll be comin' back again,
It depends on how I'm a-feelin'.

Well, if you, my love, must think that-a-way,
I'm sure your mind is roamin'.
I'm sure your heart is not with me,
But with the country to where you're goin'.

So take heed, take heed of the western wind,
Take heed of the stormy weather.
And yes, there's something you can send back to me,
Spanish boots of Spanish leather.

Copyright ©1963; renewed 1991 Special Rider Music




jueves, octubre 23, 2008

Los huesos de Lorca

Pero también fueron los huesos de Mozart. Y los de Pericles. Era el arte y era la libertad pisoteada. Era la madrugada tormentosa y ceñuda.
Y todos fueron arrebatados por el odio, fueron secuestrados, ametrallados, sepultados de por vida. Me pregunto qué pensaría Lorca al verse morir, qué pensaría su compañero de fosa. Me pregunto qué se ganó aquel día disparándolos, pero también me pregunto qué ganaremos ahora con todo esto a vueltas. Que no sea la criminal venganza.
Ponemos en hilera aquellos huesos, los transportamos en cofres, recordamos su pérdida. Hay quien escribe libros y jurisprudencia sesuda, a mí tan sólo se me ocurre esto: haya paz con los muertos. Un pueblo debe guardar la memoria precisa. Pero esta no se escribe en lápidas a la puerta de las iglesias, no se deletrea en panteones construidos ad hoc, no se persigue en juicios sumarios. Haya perdón, mis muertos caminan conmigo. Sus huesos sean la ceniza del camino. Que la memoria sea la vergüenza de habernos matado siendo todos hermanos.
Pero sepamos que Lorca no murió en balde. Digamos que hubo un tiempo de furia y que los nuevos que vengan aprenderán a ser una piña, y que las ideas son fuerza, pero deben ser sobretodo libres. Busquemos razones de convivencia. De lo contrario, muchos brazos se levantaran de sus fosas, son cadáveres doblemente entregados, doblemente fusilados, por los que fueron y por los que son ahora.



Noticia asociada: Garzón autoriza la apertura de 19 fosas, entre ellas la de Lorca

martes, octubre 14, 2008

Instrucciones para descorchar una FELICIDAD



Instrucciones para descorchar una FELICIDAD: busque la excusa, cualquiera vale, no por divina o humana que le parezca la rechace; Detenga allí sus preocupaciones. Lance albures. Busque la precisa compañía; Desentierre anhelos. Entrecruce promesas. Regale tiempo. Pero no sea tentado por exclamaciones luengas. Y deje, pues, actuar al silencio: sabe expiar en felicidad lo que antes supo a reposo.

El anterior texto se presenta al
II concurso de microrelatos Martín Berdugo. Si disponéis de otros 60 vocablos os recomiendo participar. Objetivo: describir la palabra "felicidad", el premio: vuestro relato en 30.000 botellas de la bodega. ¿Tentador, verdad?

viernes, septiembre 26, 2008

Mi afonía

Me preguntaba un amigo qué pasaría si pasáramos una temporada callados, o en silla de ruedas, o cerrando los ojos, etc. Para probar, simplemente para probar. Es estúpido, pero vivimos dando por supuesto que tenemos cosas que no valen nada y que permanecen allí, apegadas a nosotros, y que es imposible desprenderse de ellas porque nunca nos fallaron hasta ahora. Y son nuestras herramientas para tantear el entorno, son nuestros palos de guía, nuestras calzas y nuestro chubasquero.
En mi caso era mi voz, y digo que era porque estoy descubriendo cuántas cosas cambian si te quedas sin ella: llevo casi tres meses mudito. Sin palabras hacia fuera aunque muchas dentro de mí. Los médicos dicen que no me asuste porque todas las enfermedades tienen su fin. Que ahora soy un «paciente» y mi impaciencia es como una losa, un impedimento gravoso y lastimero que frena la sanación. Y me callo y así la gente me augura una pronta mejoría.
Yo sé que todo esto pasará pero mi mochila no quedará vacía de este viaje. Ahora sé que sucede cuando eres mudo o sordo; justamente el otro día, en el parque, nos encontramos con un chiquito de aproximadamente cinco años. Tenía algún tipo de problema que un artefacto en su oídos intentaba corregir o tal vez aliviar. Estuvo jugando con nuestro bebé. El chaval se mostró sensible como creo que no había visto en ningún chico de su edad. Se comunicaba con signos, con algún sonido, pero poco más. Y de su interior emanaba un terrible esfuerzo por llegar a nosotros, y un arrojo por vivir que hacía tiempo que no veía.
Estos son mis pequeños héroes de los que tomo nota. Hacen mi silencio llevadero, me obligan a escuchar, otro ejercicio que no práctico con asiduidad, me obligan a distanciarme, a sentarme en un lado y esperar a que amanezca.

martes, abril 15, 2008

Tu sonrisa



Marina regenta un puesto de helados. Es chilena (como Violeta Parra). Es una mujer vital, fuerte y emprendedora. Tiene la palabra franca y dos brazos para trabajar con fuerza y orgullo. Y sueños. Muchos sueños, sueños para arrancarse un palmo del suelo, para construir. Para tirar como un buey, fuerte y seguro.

Pero Marina es también una maga. Maga porque ha sabido concentrar en sus palabras todo un sabio sortilegio y ha hecho de tu sonrisa un talismán seguro para nuestro futuro. Porque tiene tu sonrisa de bebé un sabor a primavera, a rama verde, a fuerza centrípeta, a camino por desgranar. Y te cojo ahora en brazos y tú me palmoteas la espaldas y me besas o me baboseas y te arrancas raudo a gatas. Y me hablas con palabras que yo no conozco aunque comprendo a veces. Siempre sonríes como la luz del sol, como un olivo que hubiera germinado ayer mismo. Marina dijo que tras su vuelta de Chile, con la pesadilla del jet-lag y la tristeza de la familia que dejaron allá, sus tres niñas le dijeron que necesitaban verte, aunque fuera por un leve instante, por un momento. Porque los bebés dan suerte, y dan amor y más cuando tienen una sonrisa como la tuya: una sonrisa capaz de cambiarlo todo.

Eso nos contó ayer mismo, era media tarde, las familias paseaban y ella había recién inaugurado su puesto de helados. Ahora es solo suyo y son mejores tiempos para su familia. Y mientras nos decía esto y nos imaginábamos a las niñas pidiendo verte, tú allí mismo le sonreías, era extraño, sabía que le comprendías perfectamente aunque tan solo fueras un bebé de apenas un año.

Y de repente todo cabía en su lugar y las cosas permanecían en un equilibrio hermoso. Porque si somos lo que antes fuimos y construimos, tú serás la semilla de tu sonrisa, tú serás el árbol que nazca de ella.

jueves, abril 10, 2008

Sobre la reestructuración empresarial

Son tiempos jodidos para la lechuza, mi pequeño mundo empresarial está siendo sometido a un vaivén profundo. Escribo algo para animarme, luego escucho a Bod Dylan. Ahora me siento mejor. Que lo disfruten.



De la reestructuración empresarial hemos obtenido el sueño heredado del cieno, el asfalto o el barro que se devora, el pie que pesa más que mide, el vacío, el hierro fofo o el catafalco de fin de semana. El poeta como ídolo maldito, un ave fénix que sin embargo nació tullida. Señores, el mundo de la empresa nos vomita, como los chulos de las esquinas a sus rameras, nos chuta las meninges operadas, es un ruido sordo, una ocupación que se entretiene y nos conduce a la cárcel, un vicio aquiescente, un dosel de tálamo contrahecho, un ardid de buhonero torvo, de Circe o Medusa, de Ulises torturado. Es la felación máxima, esto es, peor que levantarse pronto por el coito propio de la factoría, de los números, del amor sin tregua ni plaza, del viento fracturado de los clientes que se engañan con vehemencia. Me siento un muñecote, una figura de plástico vomitada, un pétreo aroma de tugurio, la lechuza parda contrahecha.

Dicen que nosotros trabajamos por dinero. Yo no, que yo lo hago únicamente por vicio, soy una puta malquerida, un Quijote descerebrado que atiende a su negociado sin cortapisas. En la cúpula del poder, bajen cien peldaños, tuerzan a la tercera, hablen con el bedel y yo estaré detrás suyo, espiándoles para siempre, exigente escriba luctuoso, certera madame del lupanar, prospero auspiciador de la vehemencia laxa e impotente.

Lo práctico de la ley: el movimiento se contrarresta y saldremos para llegar al mismo lugar. Alguien decía por aquí, "le cambiaron para seguir haciendo siempre lo mismo". Yo recojo mis útiles (un círculo de “O” de canuto negro). Pero como no tengo otras herramientas ni me las dan, replicaré la carátula allí donde quieran que me embarque, haré lo mismo, mismo gesto, mismas palabras. El poder es férreo, aunque lo es más la burocracia, la inercia, el tándem donde yo ya no pedalearé jamás. Miren esta cara gris, afeitada, hirsuto material el mío, pandilla de lobeznos adocenados, diminuta hormiga, obrero de pirámide, diez toneladas de polvo y lodo para descansar con la doncella prometida, aquella de barba y voz cavernosa que se maquilla, el ósculo ventilado, el centurión de espada ametrallada. Joder, que serán cien reestructuraciones para descubrir que todo ha servido para nada, o que mi vida ha sido un entretenimiento parco de nombres, candencias y dependencias.

Hermanos, os insto a que os levantéis, elevéis el grito para decir no, basta de estulticias, de tanta autoridad dirimida, de tanto trasiego y confusión improcedente, de tanta reestructuración apelmazada, de tanto organigrama malquerido, son novelas y caballerías que leemos para secarnos los sesos entre todos.

Pero sabed que soy un cobarde. Que finalmente no haré nada. Hoy me iré a casa y puede que de camino alguna lágrima caiga y el resto se me seque en los ojos.

domingo, marzo 16, 2008

Imagine



Pero presten atención a la última mirada del vídeo, un instante antes de su fin, en el silencio, con aquellos pajaritos de fondo. Era Lennon despidiéndose. Era su deseo para antes de marchar lejos, era su capital contribución al desaliño humano.
Yoko y Lennon pasean para alcanzar el mundo mágico de la utopía de las palabras, el no lugar a donde nadie ya acude, el caserón tan albo como la muerte, y es también aquel piano que ha crecido en nuestras cabezas, porque fueron los años 80, inaugurados con el cadáver caliente del músico. Hay canciones bellas y otras que nunca nos pertenecen y ésta es una de las últimas, porque Lennon se llevó su espíritu a la tumba y desde entonces todos nos sentimos humillados al escuchar “Imagine” y saber lo lejos que estamos de su sueño. Yoko pierde la mirada, parece una virgen entretejida y yo siempre he pensado que el tiempo se nos quiebra, y que esta canción hizo torcerse los goznes, y que por segundos hubo algún arresto de fuerzas para retomar nuestro camino de bien.
Desde entonces no creo en los cantos a la paz, y sí en el marketing que confabula a los titiriteros, y yo quisiera colgarme un escapulario con la virginal Yoko, aunque siempre llegará el silencio, fíjense, justo al final del vídeo, donde no me puedo quitar de encima el rostro de Lennon que ha dejado de mirar a cámara y lo tuerce y justo entonces, sólo entonces, la virgen le sonríe.

sábado, febrero 09, 2008

Romeo Had Juliette



Cogido por las perversas estrellas
y las líneas rectas del imperfecto mapa
que trajo Colón a N.Y.,
ni del este o del oeste
él la visitó vestido con su chaleco todo de cuero
y la tierra que chillaba, se estremecía hasta detenerse,
él, con su crucifijo de diamante en la oreja
ese que le ayudaba a conjurar el miedo
él, que había dejado su alma en el coche de alquiler de cualquiera,
dentro de sus pantalones escondía un trapo
para limpiar el desastre causado
en la vida del grácil cinturón de Julieta.

And romeo wanted juliette
And juliette wanted romeo
And romeo wanted juliette
And juliette wanted romeo

Romeo Rodríguez cuadra
sus hombros y jura mientras se desliza un peine a través de su negra cola de caballo,
estará pensando en la habitación solitaria
la pila que próxima a la cama hiede,
es entonces que otea su perfume con los ojos
y la voz de ella, que le parecía como si fuera de campana.
Fuera, en la calle, estarán vaporizando el crack
y los traficantes sueñan
con alguna uzi que apenas antes han estrenado.
Me gustaría poder golpear aquella farola
justo aquella, detrás mía, con este fuerte brazo,
dice el pequeño joey diaz,
hermano, dame otra pipa
esos vecinos del centro no son nada jodidamente buenos
y estos italianos necesitan una lección más,
el poli que murió en Harlem
¿te piensas que le habrían dado aviso?
pero yo estaba bailando cuando su sesos se despanzurraron por la acera.

And romeo had juliette
And juliette had her romeo
And romeo had Juliette
And juliette had her romeo

Guardaré toda Manhattan en una bolsa de basura
con latines escritos en ella que digan:
es duro aquí importar una mierda
y los de Manhattan se hunden y son como una roca
en el obsceno río Hudson, qué jodidos.
Ellos escribieron un libro entero sobre esto,
ellos contaron que era como la vieja Roma:
el perfume quemó sus ojos
y mientras, aún permanecía asido con fuerza a sus muslos
y algo refulgió por un minuto
y luego fue desvaneciéndose y luego, desapareció.