miércoles, febrero 17, 2010
La batalla del libro digital
El mercado del libro digital organiza su cadena de valor a marchas forzadas. En este punto no creo que la apuesta por un dispositivo propio sea el valor diferencial de Telefónica, puesto que siempre se posiciona de manera neutral en este sentido y comercializa todos los sabores que la tecnología ofrece. Su dispositivo no es más que un market-maker, un dinamizador del negocio y no está nada mal. Dicen que quiere competir con Apple, con el iPad. No me lo creo, la gran apuesta es la tienda de libros de Telefónica, y este será su real elemento diferencial y además que nunca será cerrada, será una apuesta por estándares abiertos. Y sí Apple se anima, seguro que también tendrá libros para iPad.
Aquí más información. Para los más económicos, en Expansión.
Por supuesto, la noticia se puede leer en papel. Aprovechen que la prensa escrita...
lunes, febrero 15, 2010
El sendero del elefante no se bifurca (2)
Cuando elegí su foto no le asocié, hay miles de Fernandos de la Iglesia. Ahora la red ha construido una casualidad maravillosa.
¿No es esto arte?
DIJE SÍ
De verás dije sí mil veces /
(hechizado)
de veras recogí correctos excrementos
y los canjeé por ilusiones /
me convertí en payaso de tijeras /
subí y nadé como antes nadie /
de veras volteé mi cadáver y mentí
de veras sí, que dije
y cerré los ojos / como esperando.
Dije sí.
La foto, por supuesto, de Fernando. Gracias.
jueves, febrero 11, 2010
El sendero del elefante no se bifurca
Cuando escribimos somos lo que somos, no podemos ir ni un ápice más lejos. Somos animales y de nuestra carne se caen los huesos, se caen las anchuras, nuestras nulidad y luego hasta nuestro olvido. A veces se deshacen tantas cosas a un mismo tiempo que pareciéramos un árbol desmochado, con ramas como brazos y manos sin hojas. Tan sólo sirven para golpearnos, hacernos daño. La poesía no es ficción, la poesía es entraña exhibida.
Transitamos nuestro sendero y debemos hacerlo con la férrea volunta del elefante. Saben, pues así firmamos un «CUSTOMER AGREEMENT » con la vida y después ya no podemos salirnos del marco establecido: ¿o tal vez no…? Quién tenga cojones que tire la primera piedra. Y miramos al mundo y nos estremecemos de pánico y entonces quisiéramos malograr la «TORTUGA QUE AVANZA»: nuestra visión critica, la negación al idealismo, la denuncia al comprender la hostilidad de nuestra existencia. Y de aquí la posterior huida, la reclusión espacial, el alegato del eremita y la «SOLEDAD DEL COSMONAUTA» que nos permita a lo menos levantar altas barricadas. Que nos conceda algún tiempo fuera para pensar, y lanzarnos así a la piscina fría del «CIELO DIRIMIDO». Y es que todos luchamos por este cielo, pero todos los cielos tienen su fin, los buenos, pero sobre todos los malos. Lo peor es cuando nuestra esta lucha es falseada como traición al camino certero, y compramos el éxito fosco y la materialización de los valores equivocados. Muchas veces creemos que la vida se mide por el tamaño de lo que tenemos, no de lo que somos. Esto produce mucho dolor. Por esto quisiera presentar a «MIKELOW». «MIKELOW» es un descreído porque ha comprendido lo anterior, aunque de mala gana. Y ha roto sus vínculos emocionales con la esperanza. Es un alma destrozada en busca de justicia. Recorre el mundo e investiga, busca los culpables para castigarlos atrozmente, pero nadie lo busca a él. Éste sería un final triste a mi propuesta de relato poético, de camino de vida, pero definitivamente creo en nuestra capacidad de reencontrarnos, de redefinirnos, de saber y querer despertar a la pesadilla. Por eso termino con los «POEMAS DEL HOSPITAL», porque somos sobretodo vida, y segunda oportunidad si nos equivocamos. No es el concepto de salvación cristiana, es el concepto de la superación vital. Pasar hoja para seguir, conocer dónde fracasamos, reencontrar los cimientos y motores de nuestro yo. Por eso el camino del elefante no se bifurca.
Y saben, cuando me descubro a mi mismo flagelándome me pongo a escribir en seguida. Sucede que da rabia porque muchas veces no sale nada. Luego me llaman al móvil y tengo que seguir trabajando, y lo hago con la razón y la predisposición del administrador que toquetea un dinero del que nunca fue dueño, y que sueña con la obligación del éxito aunque sea pagado con la nómina del pan y la sal. Así es el trabajo, que no da para ser poeta a tiempo completo.
Creo en la poesía-tenaza, poesía capaz de amalgamar nuestros corazones amantes de padres e hijos, de empresarios histriónicos y curritos de cuello gris, de mendigos con cínicos y de hasta críticos y beatos de barra de bar… la poesía es intención, es acción. Y no paramos de vernos desnudos todos a un mismo tiempo. Por eso describo mi biografía en el siguiente poemario y la veo cruelmente paritaria, y mi objetivo último sería arrancarles una sonrisa cómplice. La poesía se pare y los hijos que quieran leerla los alumbra la incomodidad de entrever sus pasiones y vicios en ella: y sobre todo, que les aproveche...
Foto de portada: Fernando de la Iglesia (meseon.es)
lunes, febrero 08, 2010
La nueva experiencia digital de lectura
Sea como sea la experiencia digital de lectura va a transformar nuestros hábitos en muy poco tiempo (¿o es al revés?). Ya no leemos como antes y el formato digital tiene que reinventarse con prisa. Tenemos muchas expectativas y mucha gente está trabajando. Imagino que las revistas o diarios serán los primeros que den un paso adelante. Los nuevos editores serán más gestores de contenidos multimedia que contructores y difusores de cultura...
Bonnier, un editor sueco y su equipo de R&D ha trabajado junto con BERG, un estudio de diseño londinense, y dan como propuesta el concepto: Mag+
jueves, febrero 04, 2010
El iPad no es un ereader... es mejor.
La respuesta es inmediata. Y el iPad tiene una buena pantalla pero que refleja. Para nada la tecnología de tinta digital. No han esperado a desarrollos de tinta en color, movimiento, etc. Támpoco su batería dura tropecientas horas.
Quizás Apple se confunda o se adelante en los patrones de consumo (¿todos nos acordamos del Newton?) y no pueda hacerse hueco como nueva categoría. Pero... creo que los libros se van a leer de otra manera, creo que se van a leer de una manera mucho más rica, por algo somos hijos de la red, de los hipertextos, del multimedia y de las redes sociales. Y este es el camino del iPad.
El libro digital va por esos caminos, y si el ereader no sabe adaptarse...
miércoles, febrero 03, 2010
Amazon vs iBook
Leo en MIT Review que Amazon se ve forzada a cambiar su modelo de negocio. Hasta ahora ella era la responsable de fijar el precio del libro, y en su estrategia de comunicación, utilizaba los contenidos como señuelo para promocionar su dispositivo, el Kindle. Cosas de la vida, una semana del lanzamiento del iPad, todo cambia. Bajo el modelo iPad el dueño del contenido fija precios y existe un reparto prestablecido en porcentaje.
Asistimos al nacimiento de las primeras plataformas digitales en España. Y por lo que he escuchado el modelo de Apple cuadra más en nuestro panorama nacional.
Yo siempre digo que quien fija el precio...
Saludos lectores del Otero.
lunes, enero 18, 2010
La ley de Gresham
Gerham más o menos dijo: En cualquier proceso de intercambio "bad coinage drives out good", o sea, la mala moneda expulsa (de la circulación) a la buena. Si hay monedas de oro y de plata de similar valor "facial", nos quedamos siempre (acumulamos) con la que consideramos mejor (la de oro) mientras que utilizamos la de plata para los intercambios. Esto es aplicable también a los contenidos. En un lugar con malos contenidos nadie querrá aportar otros buenos, pues se devaluarían. Los malos escritores expulsan a los buenos del mercado.
¿O no?
Idea ha sido tomada de "Infoxicación: buscando un orden en la información", libro de Alfons Cornella.
jueves, enero 07, 2010
El hombre sin atributos
-¿Tú crees –preguntó Afanasievna- que los muertos vivientes sienten deseo sexual?
-Los muertos no –dijo Ansky-, pero los muertos vivientes sí. Cuando fui soldado en Liberia conocí a un cazador al que le habían arrancado sus órganos sexuales.
-¡Órganos sexuales!- Se burló Afanasievna.
-El pene y los testículos –dijo Ansky-. Meaba mediante una pajita, sentado o arrodillado, como a horcajadas.
-Ha quedado claro –dijo Afanasievna.
-Pues bien, este hombre, que además no era joven, una vez a la semana, hiciera el tiempo que hiciera, se iba al bosque a buscar su pene y sus testículos. Todos pensaban que algún día moriría, atrapado por la nieve, pero el tipo siempre regresaba a la aldea, a veces tras una ausencia de meses, y siempre con la misma noticia: no los había encontrado. Un día decidió no salir más. Pareció envejecer de golpe: debía andar por los cincuenta pero de la noche a la mañana aparentaba unos ochenta años. Mis destacamento se marchó de la aldea. Al cabo de cuatro meses volvimos a pasar por allí y preguntamos qué había sido del hombre sin atributos. Nos dijeron que se había casado y que llevaba una vida feliz. Uno de mis camaradas y yo quisimos verlo: lo encontramos mientras preparaba los avíos para otra larga estancia en el bosque. Ya no aparentaba ochenta años sino cincuenta. O tal vez ni siquiera aparentaba cincuenta sino, en ciertas partes de su rostro, en los ojos, en los labios, en las mandíbulas, cuarenta. Cuando nos marchamos, al cabo de dos días, pensé que el cazador había logrado imponer su deseo a la realidad, que, a su manera, había transformado su entorno, la aldea, los aldeanos, el bosque, la nieve, el pene y los testículos perdidos. Lo imaginé orinando de rodillas, con las piernas bien abiertas en medio de la taiga helada, caminando hacia el norte, hacia los desiertos blancos y hacia las ventiscas blancas, con la mochila cargada de trampas y con una absoluta inconsciencia de aquello que nosotros llamamos destino.
-Es una bonita historia- dijo Afanasievna mientras retiraba su mano de los genitales de Ansky.- Lástima que yo sea una mujer demasiado vieja y que ha visto demasiadas cosas como para creerla.
-No se trata de creer –dijo Ansky-, se trata de comprender y después de cambiar.
sábado, enero 02, 2010
2010 Angelus Novus
Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos Progreso.
Walter Benjamin, IX Tesis sobre el concepto de Historia.
A Klee painting named ‘Angelus Novus’ shows an angel looking as though he is about to move away from something he is fixedly contemplating. His eyes are staring, his mouth is open, his wings are spread. This is how one pictures the angel of history. His face is turned toward the past. Where we perceive a chain of events, he sees one single catastrophe which keeps piling wreckage upon wreckage and hurls it in front of his feet. The angel would like to stay, awaken the dead, and make whole what has been smashed. But a storm is blowing in from Paradise; it has got caught in his wings with such violence that the angel can no longer close them. This storm irresistibly propels him into the future to which his back is turned, while the pile of debris before him grows skyward. This storm is what we call Progress.
Walter Benjamin, "Theses on the Philosophy of History, IX"
Y como no, Laurie Anderson supo glosarlo como nadie en esta fenomenal canción: the dream before, inspirada en el relato infantil de "Hansen y Gretel".
El mejor material para la mejor digestión del 2010. Feliz Progreso. Que les aproveche.
jueves, diciembre 17, 2009
Me arde la Navidad
Me arde, dice, ¡dice que le arde!, le arde la vida, le revientan las cañerías de los intestinos, le arde el encefalillo de su entrecejo, le arden los entrepaños de los genitales.
¡Le arde la Navidad!
Le arde los cambios que giran y giran y vienen para volver a irse por nuestras vidas.
Llevo días obsesionado con esta canción y ya se repite sin tregua, qué latosa: parece un estribillo estroboscópico, un villancico tosco que no puedo detener jamás en mi cabeza. Le arde, me arde, qué jodido, salto a la pata coja (con la pata buena, la no esguinzada, por supuesto) y le grito: ¡qué arda la muy…!
Y pido perdón a quien ame la Navidad. A mi me devora y me enamora. Soy el perfecto amante “autofago”.
Tan sólo le salva a Calamaro la frase con que termina su canción: “...el problema es que la nena, era linda pero buena gente,...y me tocó la frente...”
Y me tocó la frente.
Feliz Navidad, y que les arda a todos.
jueves, diciembre 10, 2009
Tres visiones para un cambio: Libro Electrónico
Mi memoria puede fallar, no tomé apenas notas, eso sí, todos aprendimos bastante de los ponentes.
Primeramente habló Luis Collado que supo sacar fuera del debate la polémica con Google. Porque Google ante todo desea fomentar el libro, que es lo fundamental, lo importante (¡viva el libro!). Luis Collado representa el perfil del “editor tradicional”. Google ha sido inteligente, ha sabido buscar un facilitador que aproxime a los pequeños editores a la red. Esta visión me parece especialmente práctica e inteligente, conectar al editor, que no sabe como llegar al nuevo lector digital a través de la única y gran herramienta (es broma): Google.
Después, Jesús Badenes (http://www.editorial.planeta.es) expuso la visión de los editores tradicionales. El punto crítico para ellos es proteger los derechos de autor, que no es sino el “core” de su negocio. Dijo que el libro digital permitirá construir mejores productos, productos más retadores, pero que todo tiene su ritmo. La función del editor según él es conectar oferta con demanda, y esto debe ser realizado de manera siempre rentable. El libro digital es una posibilidad, pero no es la única. Y la ve aún lejos, salvo en nichos concretos, como el libro de texto. Y sobre todo mucho cuidado con los piratas. Esta es la voz del “mass market”, de la industria que hace que se vendan un millón de copias de Dan Brown.
Finalmente habló Angel María Herrera (bubok.com), que aportó una visión alternativa y rupturista. No cree para nada en el DRM. Es más, el DRM era pernicioso para el modelo. Acusaba a los editores tradicionales de inmovilistas. Les dibujaba como recelosos, para él la apertura de los contenidos genera una mayor riqueza. Claro que hay intermediarios que desaparecen, pero es lo normal, lo esperable. Y el autor saldrá ganando.
Y recordemos que los cambios y transformaciones culturales más importantes del ser humano siempre han sido paralelos a la revolución del soporte “libro”:
-Primeros registros de escritura: Egipto, milenio IV aC y soporte en arcilla y papiro.
-Pergamino hasta s. III (Grecia y Roma)
-Papel, becerros, manuscritos en manos de las escolanías, etc.
-Imprenta de tipos móviles: s. XV (Gutenberg)
Y ahora…
El sueño de Amalfitano (2666)
"Y le decía: escucha mis palabras con atención, camarada. Te voy a explicar cuál es la tercera pata de la mesa humana. Yo te lo voy a explicar. Y luego déjame en paz. La vida es demanda y oferta, u oferta y demanda, todo se limita a eso, pero así no se puede vivir. Es necesaria una tercera pata para que la mesa no se desplome en los basurales de la historia, que a su vez se está desplomando permanentemente en los basurales del vacío. Así que toma nota. Ésta es la ecuación: oferta + demanda + magia. ¿Y qué es magia? Magia es épica y también sexo y bruma dionisiaca y juego. Y después Yeltsin se sentaba en el cráter o la letrina y le mostraba a Amalfitano los dedos que le faltaban y hablaba de su infancia y de los Urales y de Liberia y de un tigre blanco que erraba por los infinitos espacios nevados. Y luego sacaba una petaca de vodka del bolsillo del traje y decía.
-Creo que es hora de tomar un copita.
Y, después de beber y tras mirar al pobre profesor chileno con una mirada maliciosa de cazador, retomaba, con más ímpetu, si cabe, su canto. Y después desaparecía tragado por el cráter veteado de rojo o por la letrina veteada de rojo y Amalfitano se quedaba solo y no se atrevía a mirar por el agujero, por lo que no le quedaba más remedio que despertar. "
miércoles, noviembre 11, 2009
Tres visiones para un cambio: Libro Electrónico
"El libro electrónico llama a la puerta. La industria cultural por excelencia, la industria editorial, afronta trascendentes retos y transformaciones, que ya muchos consideran similares a los que se plantearon en las industrias de la música o del cine en los pasados años.
Y no se trata solo del papel. También influye en el canal de distribución y venta, el marketing de los contenidos y la promoción de los autores, los gustos del público, el sentido de los editores y el propio modelo de negocio.
Las nuevas formas de consumir libros, de comprarlos y de leerlos darán lugar a que muchos agentes de la cadena de valor desaparezcan. Los editores más tradicionales ven peligrar su influencia. Las pequeñas librerías deberán transformar su oferta. Cabe la posibilidad de que la piratería erosione los ingresos y dañe la reputación o pueda incluso ponerse en peligro la iniciativa empresarial. Frente a los riesgos anteriores, también se presentan grandes oportunidades: Internet es la ventana a las nuevas generaciones de lectores y a los autores con iniciativa e imaginación, a la difusión y a la pluralidad de las apuestas.
No existe una única fórmula de éxito. Hay quien piensa en copiar estrategias del mundo off-line y trasladarlas a las nuevas formas de hacer negocios. Otros creen que el éxito se encuentra muy próximo a la idiosincrasia y a las formas del mundo digital."
Para más información e inscripciones (es gratis) picha aquí.
jueves, octubre 15, 2009
What's this?
te das cuentas que nada falta y
que en ese preciso instante
un pequeño andamiaje se
nos desliza,
y que el nogal desprende su fruto
que el girasol oscila en el horizonte,
es un cuento largo y preciso,
una prosa con narrador que cambia
y son las palabras novedosas
del próximo cuento irrepetible,
un teorema de príncipes arrojados
una voz que antes fue mía
y que ahora es preciso entregarla,
el testigo fiel
que debo alimentar
y que se duerme esta noche
entre mis brazos.
martes, octubre 06, 2009
El cielo dirimido
Decirles que en este lapsus terminé un nuevo sueño: GOMORRA. Un cuento que trabaja mi visión de la narrativa empresarial. Me apasiona lo que sucede en nuestras empresas. En ellas encontramos lo mejor y lo peor.
Quiero descubrirles este pequeño fragmento de la obra. No les dirá mucho, pero para ponerles en contexto imaginen al ejecutivo, que una vez finalizado su trabajo (con éxito o no), es recibido por el "cielo dirimido".
Que les guste. Deséenme suerte, lo he presentado a buenas puertas, concursos y lugares de propicia publicación.
PD. Recomiendo escucharlo con este aria de Rinaldo, de Haendel. Es la banda sonora de la obra.
«Dicen del cielo dirimido y de sus proximidades, dicen del sol, del tiempo que se nos vino, de la proximidad de la noche, del tiempo negro desvelado o revelado, del tiempo lelo o del cielo dirimido.
Acerca del atardecer de los soles. De las nubes trabucadas. Del cieno que huele a trinchera de combate. Del pecado original pero baldío. Del fin atisbado gracias al prócer hueco, de la noche dislocada, y en fin, que fueron también todas las ausencias y nuestros proyectos traviesos al atragantarse. Porque era tarde o fue demasiado pronto. O quizás ya no era, ni sirvió de nada, era la fruta no recogida del árbol. Pero nos pidieron salir con fuerza, salir con las botas puestas y semidesnudos o en pelotas cruzamos la calle, cruzamos las aceras ardientes, atravesamos los mares hasta alcanzar la platea del teatro público, y allí vociferamos a todos, nos jodimos allí mismito, y nos sobaron las tetas en directo, y del graderío nos asaltaban con insultos, y nos arrastramos en el cieno de los tirantes de la cacería, y fuimos como pécoras muy viejas, muy viejas, porque sucedió que se hizo tarde para aterrizar entre las tinieblas y fue que subimos a las almenas y fue que lanzamos dardos y caímos y fuimos de carne muerta donde luego hubo huesos y finalmente quedó solamente nuestro polvo.»
Éste era nuestro cielo dirimido.
«Yo tuve una gran piscina. Yo tuve varios coches de lujo. Tuve servicio. Tuve poder. Tuve secretaria, despacho. Tuve palco. Coche y tarjeta de empresa. Comidas con proveedores que se alineaban como esclavos para darme la mano, venían a besarme los tubérculos, era un plácido contubernio de focas obesas. Era la llamada del ganso, la sentina y cruel llamada del ganso fosco, aquel que no cabría por las puertas, aquel que no subiría las escalera sin la preceptiva humillación, la justamente correspondida, gentilmente aclimatada, la abonada, que reinó por una hora y que dejó escuchar sus gritos por las esquinas. »
miércoles, junio 17, 2009
La vida es sueño
Ayer nos reestructuramos, ¡otra vez! Estas grandes empresas más que empresas son ahora culebras retorcidas, algunas de ellas enfermas, histriónicas. La lechuza eleva su vuelo y sueña, sueña, y de madrugada se libera de la prisión dorada, cárcel de presos, condena por arrancar las monedas que nos alimentan. Huye.
Y mucha suerte que tenemos trabajo, no hay que quejarse tanto. Otros sueñan con él.
Les dejo con el inmortal Segismundo, que creo que también sabía mucho de todo esto que me pasa hoy.
lunes, junio 08, 2009
El agente literario
Pero pasar, no pasó nada. Luego espero, espero otro buen rato… y nada. Silencio, bueno, casi, de no ser por un río de automóviles que ahuyentaban todos los pensamientos del autor y de paso las palomas de la avenida. Otra vez más, tomó aire, dio un traspiés, suspiró y se ajustó el nudo de la corbata. Era de seda, de buen lustre y acabado. Y casi limpia, descontando alguna mancha de grasa extraviada en su reverso.
El autor habría de aproximar la mano lentamente al timbre, enfocando sus fuerzas en aquel voluptuoso acto, pero fue entonces cuando sonaría el móvil de trabajo: qué fastidio, esta vez era un cliente.
—Sí.Los clientes llamaban por las mañanas, por las tardes, eran unos completos maleducados, no le permitían la prolija pausa necesaria para aquel importante momento.
—Por supuesto que puedo atenderle ahora mismo
Cochina mentira, hubiera preferido colgarlo. Pero es lo que hay en la vida, sobre todo si tienes que compaginar cuerpo y alma, trabajo y crucifixión. Y mientras, pulsaba el botón con la máxima fuerza, con la terrible ambición del que buscar librarse del crudelísimo presidio aceptando así cortarse el pene (acaso como los toreros su coleta)
—Pues, dígame —Del telefonillo de la puerta partió solícita una voz.
—Quisiera ver al agente —esto lo dijo al micro del móvil y al darse cuenta de la confusión — … al agente literario… —esto último lo repitió al telefonillo y después continuó asistiendo a la voz que nacía de su móvil de trabajo.
Se hizo el silencio, fue una pausa muy larga, aunque el autor no pudo prestarla atención, puesto que seguía muy entretenido y azogado por el requerimiento del cliente.
—Ah… pues no está, no ha vuelto de comer. Inténtelo más tarde.
—¡Imposible! Había concertado una visita —dijo apesadumbrado, pero aquella voz no le respondió, y por contra le colgó el telefonillo.
Por la otra oreja la conversación con el cliente se alargaba y el autor se ponía por momentos más nervioso. Los sudores se dibujaban en su camisa a chorretones. Decidió entonces esperar a la puerta del edificio. No cabía duda, era un comercial nefasto. Y porque a él lo que le gustaba sobre todo aquella la caña de la escritura, aquel chute de creación y miseria.
La conversación con el cliente se complicaba por momentos. No llegaban a un acuerdo, y el señor cliente reclamaba no sé que aspectos sobre ciertos incumplimientos de contrato, cuando de repente imbuido por aquella conversación sintió una palma sobre su espalda para arrancarla del atontamiento. El autor giró la cabeza y allí, detrás suyo, vio una mujer bajita, con una sonrisa entre ridícula y socarrona que le señalaba la puerta insistentemente.
—¿Me permite joven?
Ágilmente le esquivó, sacó un manojo de llaves del bolso y entró al portal y así el autor tras de ella, casi a punto de pisar la falda listonada. Ambos fueron al ascensor, al fondo del pasillo, un vetusto aparato. Mientras esperaban, el tono de la conversación entre el comercial-autor y el cliente había comenzado a elevarse, a complicarse, se estaban perdiendo el respeto y el autor fruncía el ceño con enervamiento. Cedía terreno sin esperanzas de recuperarlo.
La puerta del ascensor se abrió y ambos (mujer y autor) entraron apelotonadamente. El autor pidió disculpas. Para entonces se le había caído la cartera en par de ocasiones y todos los originales habían rodado por el suelo, se doblaban y eran pisados por los cuatro pies. Quien haya subido en aquellos armatostes comprenderá cual es sobre todas las cosas la situación más embarazosa: quedarse encerrado en aquella caja metálica con un desconocido, y más si es una mujer y tú eres hombre. O al revés.
Cuando el ascensor se detuvo bruscamente entre el primer piso y la entreplanta ambos cayeron al suelo con desconcierto. Ella encima de él, de ser necesario un mayor detalle. Quizás el autor se apoyara en su trasero para recuperar el equilibrio, evidentemente este exceso había sido causado por el accidente no por ningún interés accesorio. Ella aún atontada recogió el móvil, se lo aproximó, todavía se oía el tris-tris de la conversación y el cliente iracundo clamando por su contrato y los incumplimientos.
—Su móvil
Y se lo pegó a la oreja alejándole lo más que pudo de sí con cara de asco.
El autor miró a la mujer, y quizás fuese el calor, la tensión, los gritos o la tontería del agente literario que lo esperaba presuntamente escaleras arriba, que tuvo la proclive estulticia de enamorarse unos momentos de ella. Y eran aquellos ojos negros, ojos voluptuosos, pero quién sabe si tal vez rogaran liberarse de aquel tipo que la mantenía presa contra el suelo del ascensor, pero los escritores son en parte poetas y también en parte púgiles. Que nunca violadores.
Como no dejaba de mirarle entre hipnotizado y semiaturdido ella le sacudió un sopapo (que afortunadamente le vino bien para despertarlo) y gracias a ello el móvil definitivamente retornó su camino sideral, aunque previamente se golpeó contra las paredes. Allí se desarmó en varios pedacitos, y el cliente y su conversación trascendente se esfumaron. El autor sudaba como un cerdo. Por suerte el fluido eléctrico retornó (aquellos cortes veraniegos eran unos puñeteros) y el ascensor suavemente se deslizó hasta su destino final. Justo a tiempos de haberse producido una agresión en primera regla entre los allí presentes.
La mujer abrió la puerta con prisa sin decir palabra, eso sí, murmurando una sarta de barbaridades, y le dio en las narices al autor que recogía los folios y los restos desperdigados de batería y carcasa de móvil. Salió corriendo y entró justo enfrente, en una puerta con un letrero grande, uno donde se leía “Agente Literario”. El autor no pudo verlo, se recompuso, pensó que aquella vida a tiempo parcial de escritorcillo le era insufrible, que daría todo por unas vacaciones, y repasó mentalmente su discurso y estrategia:
—Señora Paloma, soy su autor, no lo dude. Salgo del lodo para hacerla rica. Para que mis palabras le surtan de euros, que mis textos sirvan de trasunto y divertimento a niños y familiares, que mis relatos seduzcan, que pueda jubilarme de tanta estulticia atontecida. Nadie me conoce pero esto no es lo relevante; seré su negro escribano, escritor peregrino, apostata y remitente de libros, guiones o novelas por entregas a un mismo tiempo. Fabrico heroínas de plástico, dioses acolchado, paradigmáticos oficinistas. Tengo oficio de mendigo, no quiero ganar dinero, quisiera entregar mi corazón…
Y mientras repetía esta letanía llamaba a la puerta donde el agente literario le estaba esperando desde hacía unos momentos. Aquella mujer estaba de un humor de perros, había tenido que abandonar precipitadamente su comida y en el presuroso retorno a la oficina un estúpido se le había terminado arrojando encima en el ascensor, momentos antes.
[Ya sé que el siguiente poema de Benedetti no tiene nada que ver con el texto, lo mismo me da. ¡Chao compañero!¡Nos veremos allá o acá, con tus palabras, lo mismo da! ]
lunes, abril 13, 2009
Primavera en Ariadna
lunes, abril 06, 2009
Las aventuras del valeroso soldado Schwejk
Y así fui soldado “raso” del Regimiento de Caballería Ligero Acorazado “Farnesio” (años más tarde conocí la historia y trasunto de dicha unidad, poderío y orgullo del Imperio de los Austrias), fúsil en ristre, acuartelado en una dependencias, custodias y rehenes, que, por cierto, se derrumbaban ante nuestros ojos.
Nunca amé lo castrense, y desde entonces lo amo bastante menos. Ya tengo mis razones. Aprendí muchas cosas, unas buenas, otras malas. Aprendí lo necesaria que era la profesionalización del cuerpo, aprendí el gran corazón que existía en muchos de aquellos militares, su tesón y ganar de trabajar, porque creían y de verdad en su oficio, pero también lo perverso y la negritud de otros, de intereses torticeros: no se daban cuenta que yo era un civil travestido que les observaba y tomaba buena nota, como ciudadano que soy, libre de opinión. Al final, que ellos están para servir al pueblo, no para defender “su” patria. Y algunos, y lo recalco, algunos, no se daban cuenta de este matiz.
Pero no quiero hablarles de mi, que eran otros tiempos, y quiero hablarles esta vez de un soldado especial: creo en la paz, creo en el entendimiento de los pueblos. No creo en la venganza ni en la muerte, ni en la ira.
Por eso he venido a hablarles del soldado Schawejk. Y les recomiendo el libro “Las aventuras del valeroso soldado Schwejk” del checo Jaroslav Hasek. Éste buen hombre tenía que elegir entre él o morir por un ideal fofo y hueco. Por un Estado que reprimía sin sentido a sus ciudadanos sin arbitrio. Por unos intereses que todos eludían con descaro y que no representaban sino los de una minoría. Fue un libro visionario, originado por una guerra (la Primera Guerra Mundial, antesala del horror del s.XX), pero de una actualidad asombrosa. Tan sólo lean la prensa estos días: Cumbre de la OTAN y Alianza de las Civilizaciones.
Schwejk confude magistralmente al lector pues raya lo tonto, es cómico y sagaz a un tiempo porque no es sino un sobreviviente histriónico del campo de minas. Cuando no entiendes qué sucede, cuando te persiguen para castigarte, cuando la pena es impredecible, los tontos o los ilusos, capaces de reirse de todo el mundo, incluidos de ellos mismos, sobreviven.
Buena lección. Que les guste.
Las aventuras del valeroso soldado Schwejk
Autor: Jaroslav Hasek.
miércoles, marzo 25, 2009
Largos Pasos
Primera Escena.
Estamos en la estación de trenes. La gente se despide y se besa. La tarde cae y puede dibujarse entre las sombras. Quizás el atardecer llegue por momentos, pero esto no lo sabemos tácitamente. Más trenes. Planos generales. Nos dejamos envolver por momentos en el ambiente tristón y desarrapado de la estación, es el murmullo de los viajeros, de los viejos y sus pipas de madera esperando no se sabe a quién en los bancos oxidados.
La cámara sortea a indecisos viajeros (nombres anónimos e indeterminados) y termina en primeros planos de una bolsa de viaje. Sube lentamente, y aparece nuestro protagonista.
De fondo escuchamos la ranchera. La ranchera nos presenta el interior de nuestro recién llegado, sus ropas un poco abandonadas (seguramente lleva varios días con ellas) y un sino ciertamente dramático que lo ha traído hacia nosotros. No habla con nadie, no espera, simplemente permanece con una cara que dice algo así como -Llegué.- Sin embargo el espectador no es capaz de comprender y sencillamente le parece misterioso. Por señas físicas nos parecerá ni excesivamente joven ni viejo, de media edad, alto y un poco distinguido, y cómo no, debe ser fotógrafo (la bolsa de viaje y la propia máquina que cuelga de su cuello nos lo descubre). Ahora sonríe. Parece como si estuviese escuchando el fondo musical, las exageradas expresiones del cantante.
Aún con la música de fondo, los primeros planos que han descrito físicamente al protagonista pasan a medios y más tarde a planos de conjunto. Ha cogido la maleta y camina despacio cruzando la vía. La cámara le sigue cada vez más de lejos, y casi al final desaparece entre alguna pareja que se despide melancólicamente. Ruido de algún tren que llega o marcha. Fundido a negro, mientras las primeras luces traen la noche a la ciudad.
Segunda escena.
La escena discurre en varios exteriores. En realidad esta escena y las posteriores vendrían a ser un reencuentro con la ciudad en la que creció nuestro protagonista. Por ejemplo, unas tomas nocturnas de calles en silencio y abandonadas. Ha cogido un taxi. Son planos subjetivos. Las plazas que pasan una y otra, seguramente alguna palabra con conductor, aunque en general hay silencio. Han llegado, y se detiene el vehículo frente a la que debiera ser la vieja casa de sus padres. Se queda quieto con todo el equipaje sobre la acera, deja marchar al taxi, mira lentamente, se dirige a llamar... la imagen se funde sin dejarnos apreciar ningún otro detalle más del momento.
Tercera escena.
La importancia de ser fotógrafo; la mirada del fotógrafo es una mirada forzada, ha perdido la ingenuidad, queda educada y sabe elegir precisamente sus objetivos. En las sucesivas escenas (parte nocturnas y diurnas) veremos deambular (cámara en mano) al protagonista. Se mezclan planos visuales en formato de vídeo y sus posteriores fotografías. También se nos enseñan otras más antiguas (peor tratadas) en color, mientras que él sólo las saca en la actualidad en blanco y negro. El tiempo no transcurre en vano, y tenemos recuerdos que nos dominan con sus colores dentro de nuestra realidad monocromática. Son calles y edificios ruinosos, el río, caras de trabajadores cansados, sus padres, talleres, chicas monas de las tiendas de barrio, policías y claro está, la ciudad que ahora le sobrevive, ignota, ajena a su historia. No existen apenas diálogos. Como dije antes domina el silencio, la no palabra. Quizás algún poema de libros olvidados que se encuentra en el desván o en su antiguo dormitorio.
Cuarta escena.
Bien podría ser la séptima o quedar intercalada entre otras. Estamos en un bar. Podría introducirse con un encuentro casual. He imaginado a nuestro protagonista paseando por la plaza de Santa Cruz llena de críos y familias paseando. Es una mañana de Domingo y todo el mundo puede ir a misa. Una chica con un bloc inmenso de dibujo sentada en un banco garabatea e intenta copiar la fachada.
Se encuentran y se saludan (se abrazan). Los planos son largos y generales y nos es imposible distinguir qué dicen. Es una conversación privada, inclusive a nosotros, los espectadores. Ella cierra contundentemente el bloc, le agarra del brazo, comenzando a hablar, la cámara desde lejos realiza un intento vano de seguirlos...
En un primer momento he pensado que la escena del bar tendría que ser cómica. Ella mantiene un diálogo (más bien un monólogo) donde recita los chismes que han sucedido estos últimos años. No para de hablar así que no bebe nada y el vaso permanece intacto. Por otro lado, nuestro protagonista permanece en silencio, mirándola, hipnótico.
Tenemos primeros planos de ella, sus ojos, sus manos, sus gestos un tanto nerviosos, su pelo. Su aspecto físico es atractivo aunque su actitud nos resulta levemente repulsiva, fundamentalmente por el trajín. La cámara salta de uno a otro. Planos detalle de ambos, sus oídos, el café que se toma el protagonista, su boca...
Se deben conocer (o debían de haberse conocido muy bien) y sobra la confianza. Finalmente, apenas le escucha, realmente poco importa cuánto le dice. Los planos entonces pasan a recorrer el bar, los otros clientes, y la voz de ella continúa machacante y agónica, un tanto aburrida. En cierto momento le hace callar y la detiene. Plano de ambos. La pregunta algo, aunque no somos capaces de entenderlo. En ese momento vuelve a sonar la ranchera, sus palabras.
Ahora sí, somos capaces de inmediato para comprender que le interroga acerca de aquella mujer, aquella cuyo recuerdo le obligó a regresar. Ella cambia su tono, se calla, se entristece, le sonríe pero su sonrisa en cambio no alberga esperanzas. Le acerca así la mano, y hace gestos negativos, se le acerca aún más y le besa la boca...
Pero la escena no termina justo con el beso. Éste se funde, casi en un primer plano con la música y reaparece en un plano de su dormitorio. La ranchera se retoma, a modo de despedida. Han estado haciendo el amor y ahora ella duerme en silencio, en posición fetal. Él permanece despierto, la mirada fija al techo y fumando. Tal como si estuviese escuchando durante todo el tiempo la canción...



