Luego Humboltd decidió actuar de la siguiente forma: los reunió a todos y dijo que primero le llegaran los más valientes, y después, por orden preciso, serían recibidos los otros, los pusilánimes ¿Si tuvieras una espada mellada harías de ella un estandarte?, les preguntaba, y todos le sonreían, como si aquel acertijo escondiera otra ignota sorpresa.
Fuera, por turnos, el resto esperaba su justo proceso, la lluvia golpeaba los rostros, fumando, meando las paredes, algunos festejando la llegada del año chino; pero todos ellos desmochando su horror, espetando palabras de consuelo o dolor o advertencia.
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miércoles, febrero 04, 2009
viernes, enero 16, 2009
Los tiempos de Humboldt (III)
Era Humboldt un corazón endiablado, un tirano del cieno, de la noche. Un corazón de balsa. Los tiempos de Humboldt arrastrarían cadáveres y salvajes barbarismos. Había llegado de la nada, pero entre sus uñas la sangre se le resbalaba, era torpe esperar mejores esperanzas que no fuera participar de una carnicería de lobos.
Era todo un salvaje.
Era todo un salvaje.
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miércoles, enero 14, 2009
Los tiempos de Humboldt (II)
Humboldt miraba subido a la azotea del torreón. A sus pies una llanura. A sus pies cabezas que se contorneaban, iban y venían ocupadas. Había subido las mil y una escaleras. La mañana despuntaba.
Sabía que éllos lo sabían. Por el momento le era suficiente.
Sabía que éllos lo sabían. Por el momento le era suficiente.
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Los tiempos de Humboldt (I)
De repente llegó el día. Allí fuera nevaba, hacía un viento gélido, era una capa tras otra de hielo acumulado, tipo pastel milhojas con láminas de crema pastelera, las más de nata. Los viejos del lugar se apaleaban por recordar tiempos pretéritos, tiempos como aquel que se acaecía de inmediatoy buscaban tiempos antiguos, pero sus mentes se resbalaban por los años pretéritos, inermes por las estaciones que caducas habían caídos por los suelos y ahora eran hojas muertas.
Había llegado los nuevos tiempos de Humboldt.
Había llegado los nuevos tiempos de Humboldt.
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