jueves, julio 28, 2005
Mikelow voló, en sueños alcanzó por fin el alto otero para reposar junto a la lechuza.
La lechuza tenía ojos tristísimos; Ojos cansados por la espera.
La noche seducía su grito acartonado, híbrido, de miembros desproporcionados: Era la noche digna.
Las palabras de la lechuza silbaban, Mikelow se agita entre fiebres en la cama.
Hay en la meseta de Alabama un calor tórrido de Agosto, un sabor a rancho viejo, un olor a película quemada.
En el motel de carretera, Mikelow sueña su destino de transeúnte.
A veces quisiera arrancar del narrador palabras mágicas de consuelo.
Cuando despierte el detective,
tomará su café con galletas, el Ford Galaxy, y del camino, un plano de carretera por compañero.
Hoy se marchó el viejo Mikelow de viaje.
En las barras de los clubes, las putas beben ron cubano:
Mikelow y sus bermudas, marcando el estribillo, la música en la radio.
lunes, julio 25, 2005
El físico imaginario (última entrega)
(Después de bastante tiempo, el final del relato. Debe ser cosa del verano. Sudar y sudar. Las partes anteriores del relato son http://eloterodelalechuza.blogspot.com/2005/06/el-fsico-imaginario-parte-1-de-3.html y http://eloterodelalechuza.blogspot.com/2005/06/el-fsico-imaginario-entrega-2-de-3.html. Tiempo de lectura: 10 minutos y la pensadita posterior)
Finalmente llegó la carta confirmando la fecha del traslado. Habría de empaquetar todos los mecanismos con sumo cuidado, y junto con toda la documentación, trasportarla en furgón. Él viajaría también, para proceder a la definitiva reconstrucción y ulterior presentación de su dispositivo a la Comisión y al público en general.
El empresario hizo un silencio en su extraña narración. Parecía emocionado. Acercó la botella de pacharán y llenó nuestras copas. Hizo un brindis cortés y vació su baso de un trago. Sus ojos, de vidrioso azul, resplandecían, casi adolescentes.
- ¿Y dígame, pues, qué sucedió? – mi tono de voz parecía alterado; extraño por aquel relato, del cual ahora yo exigía no fuese detenido...
- Abreviaré para serle útil. Hijo, fueron meses duros aquellos, de los que la memoria apenas nos trae más que débiles recuerdos. Y sin darse cuenta, fue que llegó la fecha señalada. Por siempre recordaría nuestro jovenzuelo aquella precisa tarde al sabio, responsable de la Comisión, en su laboratorio de física, mesándose las barbas, ralas, grises, huidizas. Parecía absorto ante los dibujos y galimatías de la máquina. Sin embargo, de cuando en cuando, alzaba la cabeza y escuchaba las palabras del muchacho con un punto de sonrisa en su boca, para anotar sus comentarios en la libreta. Finalmente alzó el gesto y muy serio comenzó su exposición. Usted sabe cómo los sabios miden sus palabras, y éste parecía pertenecer al grupo más acendrado de estos. Alzó la voz y le dijo, directamente, que ciertamente le sorprendía su osadía, pero que lamentablemente la máquina nunca podría funcionar, y que no era necesario entender toda aquella construcción ni perder más tiempo. Salvo que cambiaran las leyes de la naturaleza. Parecía dar por concluido el asunto. Así de simple.
El chaval rompió a llorar. Fue un momento, breve, de debilidad. Pero lo suficiente como para confesar al sabio cómo hubo abandonado su aldea, huyendo de la miseria, y cómo había copiado los diseños de un antiguo libro que ganó en una partida de cartas a un buhonero. Fascinado por aquellos dibujos y deseoso de alcanzar la fama, creyó que modificando las tensiones y configuraciones de las poleas y mecanismos, alcanzaría su éxito.
Durante los últimos meses había estudiado y leído cientos de libros de mecánica. Lo que inicialmente creyó una torpe astucia adolescente para engañar a sus conciudadanos y ganar algún dinero, se había convertido en su única obsesión y en su mayor ansia, una transformación animosa de su espíritu.
Pero ahora, justo antes de presentar su obra, se daba cuenta de lo fútil e inútil de la quimera. De su inconsciencia. Inocente, soñó que podría engañar a labriegos o codiciosos comerciantes pero nunca a un sabio. Y sabía que finalmente el resto se daría cuenta de su montaje y se burlarían de él, marginándolo. Se hundiría por siempre en el anonimato sin haber alcanzado su sueño: aquella máquina de movimiento perpetuo. Sin embargo, este hombrecillo, había sido el único que había sabido abrirle los ojos, primero porque conocía la ciencia cierta y segundo, porque no buscaba otros intereses tergiversados. Y entonces también se dio cuenta de lo engañado que había estado: quizás el resto, detrás de sus felicitaciones y tibios apoyos, escondían una pesada y sórdida burla de menosprecio.
Solo entonces, el empresario hizo una última pausa en la historia. Me guiñó un ojo y chascó la lengua como con disgusto. Me mordía la lengua de emoción. No entendía nada. Mi pensamiento se precipitó fuera del relato. De sopetón, me espetó una pregunta rabiosa. Fue la única vez que me tutease en aquella comida.
- Dime, ¿qué habrías hecho tú en su caso? Quiero decir, en el caso de haber sido aquel rapaz de la historia.
Interpelé al secretario con un pesado gesto de hombros, pero éste evitó cualquier respuesta. Se entretenía encendiendo su puro, y permanecía absorto rompiendo la preciosa vitola cual profesional cirujano.
- Y bueno... ¿Qué hubieses intentado ... ? – Repetía su pregunta mientras daba el primer par de chupadas y el humo desdibujaba su rostro. El tiempo se agotaba... tartamudeé improvisando una respuesta.
- Hombre... ¿Sabe? Podría haber maniobrado con rapidez... creando confusión... cancelando y posponiendo la presentación para ganar tiempo... en realidad, hubiese sido fácil hasta contrarrestar la posición del sabio con nuevos especialistas contratados por los industriales... argumentando que siempre existen principios tecnológicos por descubrir... que aquello era una innovación diferencial, mal entendida por los científicos del Ministerio.
- ¿Pero...? – Se reía, con su papada columpiándose repugnantemente, mientras estrujaba con su pregunta mis sesos. Era el tono, los gestos, que delatan mis dudas. Cuando me percaté de la celada escondida en aquella historia, casi se me saltan las lágrimas. Podía desperdiciar mi oportunidad. Continué, prácticamente tartamudeando. Y dije:
- ... Hubiese cumplido mi cometido... la empresa habría cosechado hasta buenos resultados durante cierto tiempo... las acciones se habrían revaluado lo necesario para ser vendidas con grandes beneficios... un buen negocio a todas luces antes de que descubriesen el montaje – entonces me sinceré a riesgo de parecer un mentecato, porque prefería ser un nene debilucho con torpes escrúpulos que un traidor. Por eso terminé: – ... y sin embargo no me hubiese hecho feliz. Hubiera ido en contra del sueño. – Y me quedé luego mudito, la cabeza alta. Seguro de mi contestación porque era digna de mis propias ideas. No me importaba qué pensase aquel gordinflón. Y si no me financiaba, ya buscaría otros banqueros.
Afortunadamente aquella respuesta causó su efecto. El empresario finalizó el cuento.
- Siempre recordaría, pasados tantos años, aquella tarde. Como delante de los periodistas, los fríos responsables de la corporación que patrocinaban su trabajo, el alcalde y los convecinos, el sabio anunció que aquellas hermosas cavilaciones nunca funcionarían en la práctica. No pasaban de ser un torpe sueño, una pantomima contraria a las leyes fundamentales de la física. Entonces unos murmullos de desencuentro invadieron la sala. Muchos se marcharon indignados. Cuando se volvió a hacer el silencio en la sala, el sabio continuó su exposición: y dijo que, pese el fracaso, el valor de aquel esfuerzo radicaba en su ingenio, su imaginación e inventiva. También dijo que nuestro futuro se mide por el número de tropiezos, las irrealidades de nuestros torpes visionarios que confusos, forjarán nuevos derroteros. Seguro que nadie supo apreciar aquellos cumplidos, porque finalmente el jovenzuelo se quedó solo en la sala junto al sabio. Todos se habían marchado, el alcalde del brazo de los empresarios, sus convecinos, los periodistas, urdiendo la mimbre del escándalo a publicar en la próxima edición matutina. Pero, como quien decide que no ha sucedido nada relevante, el jovenzuelo se dirigió al laboratorio para continuar sus esfuerzos como si se tratase de otro día más, pero esta vez bajo una nueva guía, es decir, apoyándose en los conocimientos de sabio; Al pasar los años, y nacerle las canas, las ideas se asentaron, y construyó, al fin, muchas y nuevas máquinas maravillosas, que sino móviles perpetuos, permitieron a la civilización avanzar y progresar.
De esta guisa finalizó su relato y dio por concluido, sin más, nuestro encuentro. Por entonces, una humareda invadía nuestro reservado y me hacía toser y lagrimar constantemente. El secretario, sacó un pañuelón inmeso del bolsillo y con estrépito y teatralidad se sonó la nariz. Al salir de mi atontamiento me encontré al empresario pagando la cuenta y llamando por su móvil al chofer. Volvía al frenesí de su actividad cotidiana. Miró su reloj y maldijo en voz baja, puesto que llegaba tarde a la siguiente reunión. Casi sin despedirse se marchó. Torpemente me dio la mano sin mirarme a la cara.
Y me quedé solo, jugando con la cubertería de la mesa, meditando sobre el asunto de aquella extraña reunión.
Semanas más tarde llegaría la contestación a nuestra propuesta de negocio. Había sido aceptada.
miércoles, julio 13, 2005
In memoriam
En memoria de las víctimas y sus familias, todos inocentes.
Había vomitado toda la noche.
Por la ventana, la mañana se colaba: tenue, lúcida, ambivalente.
Sara apagó el despertador un instante antes de sonar. El zumbido eléctrico se desvanecía en su mente con celeridad.
Al levantarse, mecánicamente miró la cuna. Dentro, el pedazo de tierra y cielo se desbrozaba en arrumacos. Tomó al primogénito, y en brazos, sonrisa cándida, lo acunó.
El bebé movía sus manitas, manipulando el aire. Pensó, vaya con el glotón, ya me pide otra vez la teta. Mientras lo amantaba, veía, a lo lejos, los últimos embotellamientos de Walthamstow Avenue. Unos se movían rápidamente hacía la estación de cercanías, otros se hacinaban afanosamente con sus furgonetas para preparar el día de mercado.
Todavía con el niño en brazos bajó a la cocina. El piso crujía. La casa donde nació Mary Lou, un antiguo caserón victoriano, había sido prácticamente remodelado por la familia de Azzi. El padre de Azzi (el viejo abuelo) regentaba una frutería en el mercado y su posición era ciertamente cómoda al ser ya un emigrante integrado en la comunidad. El abuelo de la criatura era de origen indonesio, huido de la sangría de Suharto, allá por los sesenta. Abandonando su país llegó a Londres, allí trabajó en la construcción hasta ahorrar lo suficiente para establecerse por su cuenta. Rehizo su vida, allí conoció a su mujer, otra emigrante, esta vez Marroquí. También allí nació Azzi. En el mismo Walthamstow su hijo Azzi conoció a Sara veinte años después. Allí fue concebida Mary Lou. Daba gracias a Alá en sus oraciones por aquella prosperidad recibida.
Dieron las nueve. Ahora Sara le cantaba una vieja canción de cuna a su bebe: en ella, los anglosajones eran vencidos por los normandos, era la batalla de Hastings y corría el año 1066.
Mary Lou tiraba con sus deditos de la larga melena plateada a su madre y su pequeña sonrisa recibía la nana. Escrito contra el frigorífico, una nota estilizada en árabe: era la letra de Azzi. Había tomado el metro muy pronto y le recordaba que hoy trabajaba cerca de la estación de King’s Cross.
Sara recordó todo aquello. Sonrió. Está noche le daría la buena noticia. Porque tendrían esta vez un varón. La parejita.
Anotó cuidadosamente en su recuerdo aquel día: era el 7 de Julio, Jueves.
viernes, julio 01, 2005
Este miércoles, Lidia, Carmen y yo, despachándonos unas cervecitas por Ronda de Segovia. Hablando de literatura. Hablando de la visión del creador, del artista. De su independencia.
Luego al hilo de la conversación, apareció Miguel Hernández y claro está, Celaya.
Ya un lector nos había mencionado semanas antes (http://caleidoscopiodeideas.blogspot.com/2005/06/porque-caleidoscopio-es-ficcin.html) su poesía “como arma cargada de futuro”.
Celaya. Fuerza humana devoradora. A los 17 años conocí su obra. En el instituto, montábamos una revista “Laboratorio Azul”. Impresionado por su “biografía”, leí otros poemas, aunque su impacto fue menor, quizás porque en aquellos tiempos yo buscaba literatura en mayúsculas (Lorca) y Celaya, es sobre todo un ser complejo, con una carga humana brutal. El tiempo ha pasado, a raíz del comentario, retomé sus poemas. Como decíamos, aquella tarde en la terraza del bar, donde todos coincidimos: “Lo mejor de Celaya es Celaya. Su humanidad.”. Será que nos hacemos mayores.
Curioso el poeta: niño de bien, educado para ser élite conservadora de los valores de su época, abandonó la dirección de la empresa familiar para lanzarse al poema social. Lo dejó todo. Luego se desdijo y retomó sus reflexiones abstractas, su formación ingenieril para entender al ser humano. Murió pobre. Su proyecto editorial no fue comprendido en una España ceniza y simplona. Recuerdo además que el Estado tuvo que ofrecerle una renta o así para que subsistiera en sus últimos años de vida. Torpe arranque de escrúpulos el nuestro.
"Biografía"
No cojas la cuchara con la mano izquierda.
No pongas los codos en la mesa.
Dobla bien la servilleta.
Eso, para empezar.
Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.
¿Dónde está Tanganika?
¿Qué año nació Cervantes?
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.
Eso, para seguir.
¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?
La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.
Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas.
Eso, para vivir.
No seas tan loco.
Sé educado.
Sé correcto.
No bebas.
No fumes.
No tosas.
No respires.
lunes, junio 27, 2005
El principio de ‘Le Chatelier’.
Luego fue que pisó el acelerador, suavemente. Y el atasco de la N-I desapareció, lejos. Y llegamos al puerto. A mi lado, las estribaciones del Guadarrama, sus crestas erguidas, envalentonadas. Miré la hora; La tarde se asfixiaba y el sol de junio, altanero, hería los pinares por las alturas.
Entorné los ojos. Diría que me quedé transpuesto. En la radio, qué se yo: una sordina de voces, una vicisitud laxa de músicas y noticias. Zarandeado y embotado por el sueño (el cuello de goma, flexible, jirafesco) tomamos un desvío, casi justo en la cumbre, para hacer una parada técnica, café en mano. Era una pequeña casa rural.
Allí Raquel, sentados fuera, al cobijo del alero y de fondo con el canturreo de los pajarillos, me habló del principio de Le Chatelier. Ella lo tenía bien claro. Me dijo:
- Cuando un sistema es sometido a una tensión, éste reaccionará con igual fuerza para compensarlo.
Sonreía maravillosamente mientras lo contaba, quizás por mi cara de tontuelo. Yo recordaba aquella ley, desvanecida en mi memoria, casi del Bachillerato. Pero ella es Química y entiende la realidad a través de estos conceptos. Lo tiene grabado a fuego.
Habíamos hablado del mismo tema muchas veces antes y ahora se repetía como un sacrificio al trasunto del viaje. Hablábamos de la transformación de la sociedad española: libertad de pensamiento y de expresión, tolerancia, pluralidad de modos de vida, solidaridad, modernidad y progreso, frente a los comportamientos recalcitrantes y como, sin saber porqué, otras voces se alzaban, nacidas de Dios sabe donde, contra esta corriente. Voces reaccionarias.
Le dije que me sorprendía su número, eran muchos, demasiados: y me producía pavor. Todo el esfuerzo de las pasadas décadas podía verse desperdiciado. Nuestro empeño democrático, puesto en peligro por este movimiento. Se rió como siempre que me pongo tan melodramático. Era el aire de la montaña, el relajo, que me produce esta posición tan cómica. Me dijo que no debía confundirme. La realidad era así y yo lo sabía. No podemos esperar que todos piensen igual. Es necesario. Aunque sean posturas desalentadoras.
También le dije que cómo habían permanecido en silencio cuando yo ya les creía trasnochados, agotados en su discurso. Y como entre muchas voces, se escuchaban gritos pasmosos de tiempos pasados, sea cual fuese su bando. Fanfarrias que atronaban.
- Ya lo sabes, es el principio. Quiero decir, el principio de Le Chatelier. Hemos digerido muchos cambios y es tiempo de manejar algunas compensaciones. Todos deben tener su voto. Hay que guardar un cierto equilibrio para continuar.
Asentí y vacié de un trago el café. La tarde caía, el sol lamiendo los geranios que se descolgaban tan hermosos por la ventana. Me columpié con satisfacción. Me dije:
- Buen trabajo éste, el de mi amigo Le Chatelier. Pues confiaremos.
jueves, junio 23, 2005
Latin Queen.
Un compañero mío que estudió en Berkeley encontró algún libro suyo.
Poemas editados por no sé que institución penitenciaria (¡imaginad!). Y ha oído hablar de él en algún otro blog de Internet. Menudo pájaro... Me ha traducido uno que dice así:
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Mikelow: Deja ya la puta canalla.
Déja que vomite toda la noche.
Que su corazón se(a)(r)rastre y sea tra(s)vertido.
La joven columpiadora se mece provocando. Y desnuda su boca y su silencio, los labios irradiados por fuego, al son de la cadera breve.
Ahora se cae la tarde en Madison Street. La lluvia empapa-ensucia y tuerce los cristales en las oficinas del viejo. La cortina aplastada, filtrando la luz, le dice:
- Oh, pequeña reina que chupas las lágrimas./ La pequeña diosa latina que exige por moneda la torva promulgada. / Deja hoy tus peleas en las avenidas./ Las pandas, improvisando un torpe ritual americano de puta iniciada. / Líbrate del luto, seis meses de tu chulo: Limpia tus manos del signo canalla.
viernes, junio 17, 2005
La soledad del cosmonauta (II)
A la gente de www.ariadna-rc.com les conocí hace cosa de un par de años en Alcalá de Henares. Leíamos poemas en una maratón, en la Facultad de Filosofía. Fue fantástico, gente muy especial.
Recuerdo también: extraños tiempos aquellos; USA había invadido IRAK y en mi tertulia de literatura de Alcalá, los ánimos estaban alterados. Aquel preciso día subí al estrado de la Facultad y leí poemas duros, intensos, comprometidos. Ya os los enseñaré en próximas entregas.
Por suerte el cosmonauta posee la más completa visión del Cosmos y de nuestro planeta azul.
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Viaje (galáctico) de Antonio Machado
Caminante no hay camino
sino estelas...
El cosmonauta sueña
su feto flotando por la cosmografía del vientre materno
(a merced del silencio)
la noche parecida al líquido amniótico
y la vía láctea con su cordón umbilical.
Porque fueron voces que recuerdan antiguos paraísos arcanos
y son laberintos resonantes que jamás nos devolvieron
(a merced del silencio)
serán destinos secuestrados de un largo viaje
que fue, en parte, feto castrado
y en todo, naufrago de mar.
miércoles, junio 15, 2005
Detective Mikelow
Versos rescatados de entre las hojuelas del poeta detective Mikelow (Minnesota 1940), cuando fue encontrado su cadáver, aunque nunca después su cabeza, de entre la basuras, escombros y restos orgánicos (escondrijos no clasificables de maleantes y macarras, traficantes de sueños) del boulevard de Harlem, NY.
Este viejo y singular detective investigaba un caso de abuso de menores.
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Será que la lechuza imita los jadeos de parejas copulando.
Será por los próximos parecidos de los guiñoles, donde los reflejos de los políticos y famosos se prodigan.
Será que por cada llamada que recibo imito una respuesta a la medida, facturada con su margen preceptivo al 40%.
Será que cuando nada parece lo que es, cada día esto me importa mucho menos.
Somos actrices pornográficas de un cuento inventado sin argumento. Me pongo los guantes de boxeo, parezco una bailarina tatuada. Un expedicionario hacia su viaje fantástico, dirás lo que sepas, que la vida te pondrá donde le de la gana.
Será tarde para cambiarlo todo. Graznaré y graznaré pero llegarán las razones de la gran jodienda.
Le digo al cliente: Sepa que los indicios son comprados en las celdas. Los abogados se comercializan en restaurantes, los jueces en barras americanas. Diga su cifra que yo inventaré nuevos nombres. Descifre su mensaje que yo le pondré rostro.
Hay canciones de postín, pero como buen delator nunca os deletrearé su letra. Cuando salte a la calle, sepa que muchos le vigilan. Lo prudente es mantener una imagen poluta, un sangrado preciso de víctimas hasta las pantorrillas, yo mercantilizo su odio porque ya otros habrán puesto su valor de seis cifras.
Será por la noche encerada que parece de otros.
Será por las víctimas alquiladas en los pasos de cebra.
Será por la precisa reunión de los comanches lanceados.
Será por el necesario sínodo de los arcángeles devora-niños.
jueves, junio 09, 2005
Imágenes de móviles perpetuos.
¿Hermosas, verdad?
miércoles, junio 08, 2005
El físico imaginario (entrega 2 de 3)
Entonces fue, que el alcalde, uno de los pocos letrados del villorrio, desvelado aquella misma noche, y a vueltas con el discurso del jovenzuelo, a la luz de la luna y acompañado por las voces de la corneja, pergeñó grandes luces y riquezas en toda aquella situación. Muy de mañana, a grandes zancadas se dirigió al granero, y allí mismo se lo encontró, perfeccionando su invento. Y le ofreció su colaboración. Él chaval miró a lo alto, se quedó pensativo y meditabundo por un momento y fue que instantes después aceptó su ayuda. Las palabras que utilizó parecieron como improvisadas a los oídos del alcalde, aunque si bien, habían sido preparadas con harto esmero durante las semanas anteriores. Delante de sus narices puso en marcha el mecanismo de un empujón, el alcalde dio un respingo, y la maquinaria comenzó su doloroso traqueteo, pero el ingenio se detuvo casi inmediatamente. Le dijo que siempre se pararía después del primer impulso debido a las fricciones y deficientes materiales utilizados en su construcción. Era simplemente un juguete que mostraba sus ideas, los principios de su física, y que necesitaría ayuda y financiación para construir un dispositivo que funcionase realmente. El alcalde aceptó inmediatamente, emocionado por el reto con lo que sellaron allí mismo el nacimiento de su sociedad y proyecto conjunto.
Pasaron las semanas. Fue una etapa feliz para el rapaz. Con la ayuda económica del alcalde los trabajos avanzaron rápidamente. Encerrado en su granero construía y construía febrilmente, dibujando y perfeccionando su obra.
Y por otro lado el alcalde no se quedó quieto esperando fuese rematado el proyecto. Bien mirado, la suma puesta a disposición era bien alta y convenía recuperarla y aumentarla cuanto antes. En sus viajes a la capital no dejó de relatar a todo quien se encontraba las excelencias del motor que construía su protegido. Tanta fe tenía en sus resultados. En su boca, repetía una y cientos de veces un mundo en el cual el carbón, el petróleo... serían inútiles porque el motor perpetuo se convertiría en una fuente inagotable de trabajo.
- ¡ Arrogante ignorante ! – no pude reprimir esta interjección. Me encontré a mi mismo devorando fieramente el postre, mientras escuchaba aquella sorprendente historia.
- Créasela punto por punto... efectivamente, la ignorancia suele ser atrvida consejera... aunque también el hambre y la miseria. Eran tiempos duros, sabe, para aquella región que subsistía sin electricidad ni infraestructuras de comunicación. El país entero vivía aislado, autárquico, sin fuentes de energía y por aquel entonces cualquier memo, prometiendo una fuente inacabable de energía, ¡ todo un sueño !, sería por lo menos escuchado con interés. La mezquindad de los burócratas dificultó inicialmente el proyecto, aunque aquel alcalde era persona ducha y tenaz en sus relaciones, y más pronto que tarde se las ingenió para convencer en los múltiples gabinetes del Ministerio a no sé que Vicesecrecario, que intrigado por aquella insensata historia decidió enviar un técnico cualificado, tan siquiera para elaborar un informe preliminar.
Y así fue: una fría tarde invernal, las sombras cernidas sobre el cierzo y las nubes encapotando el cielo, tuvo lugar la primera visita. Mientras el técnico del Ministerio, aterido y hastiado por los lugareños, no se separaba ni por un instante del brasero que a tan buen fin le habían proporcionado, la máquina dolorosamente comenzó su movimiento. Por un primer instante pareció detenerse, pero como impulsada por una fuerza maravillosa, no se paro, es más, continuó, con ritmo cansino aunque sostenido, ininterrumpidamente. Los presentes contuvieron un suspiro tenso y casi de puntillas abandonaron el granero. Y al día siguiente, cuando antes de partir a la capital, el técnico revisó la situación de la máquina, se la encontraron, con sus goznes y ruedas manteniendo su movimiento constante. Parecía milagroso, puesto que nadie más había entrado o salido del lugar, custodiado en todo momento por la autoridad del poblacho.
El técnico anotó todo aquello con celo y discreción, marchando además con un dibujo resumido del artefacto. Al cabo de una hora o así apareció el pupilo, puesto que no le habían permitido asistir a la demostración para evitar cualquier manipulación de su obra. El alcalde le abrazó paternalmente, vivamente emocionado por el desenlace, y le comentó la feliz noticia. Grandes dudas había albergado durante los días anteriores, creyendo no disponer para la fecha concertada de algún dispositivo que, cuanto menos, funcionase un breve instante. Pero el jovenzuelo no se alteró lo más mínimo ante sus palabras y le guiñó un ojo cómplice. Luego le llevó aparte y le señaló, entre la maraña de poleas, un cabestrante escondido, que subía hasta el piso superior del granero. Le confesó que allí había permanecido oculto, para manipular y accionar el mecanismo que mantenía en movimiento el motor durante la demostración. Aquello llenó de tristeza al alcalde, aunque pronto comprendería las buenas intenciones del zagal: únicamente un dispositivo en perfecto funcionamiento sería admitido como válido por parte del Ministerio. El chaval había ejecutado aquella malicia en aras de perfeccionar su mecanismo. Más, luego, le vino a la mente nuevas y más sesudas preguntas: ¿Cuánto le costarías las postreras mejoras?¿Y podría, con su modesto capital, financiarlas?
Pasadas las semanas, las noticias que llegaron del Ministerio fueron harto alentadoras. Se había creado una Comisión, encabezada por un importante Catedrático, sabio de prestigioso renombre. Se decía que el artefacto sería trasladado a la capital para ser allí estudiado con detenimiento. El alcalde, que aún albergaba sueños de fama y grandeza recibió a los periodistas de un noticiario nacional: los titulares decían, “Portento de la física inventa una máquina que revolucionará el mundo.”. Quizás, a causa de esta publicidad, comenzaron a llover cartas interesándose por el asunto. Amables piropos, estudiantes reclamando mayor información para sus tesis doctoral, empresarios deseando favorecer la constitución de una sociedad conjunta. Y finalmente, otra tarde lluviosa que parecía aplacar las primeras ráfagas primaverales, vestidos de gris (imitando la luz decaída), aparecieron ellos, en un lujoso Hispano Suiza. De su interior salieron, los cuatro entrajetados, fumando grandes habanos. Alquilaron la fonda entera para instalar allí su base de operaciones, y comenzaron a espiar día y noche todos los movimientos del muchacho. Sus trajes elegantes, de amplias solapas, sus gemelos de oro y los relojes de marca, relumbraban en la cantina, mientras hacían mil y una preguntas a todos. Al tercer día concertaron una entrevista. Comieron y bebieron en abundancia y tan solo al final, abrieron un maletín repleto de fajos de billetes.
- ¡ Mi máquina no tiene precio ! – les gritó enojado el muchacho y salió corriendo. Aunque la mirada del alcalde, desorbitada y convulsa parecía decir todo lo contrario. Y fue, que desde aquel día, las cosas fueron de mal en peor. El alcalde dejó de interesarse por el progreso de la máquina, como confiado de un resultado que de una u otra manera le resultaría siempre favorable: y pensaba que los altos sueños han de tener un precio, y que necesariamente éste ha de que ser también alto. Luego los entrajetados abandonaron el pueblo y el jovenzuelo supo que su máquina día a día iba siendo un poquito menos suya.
(finaliza en el próximo mensaje)
Camino de la vida canalla
El camino de la vida canalla nace cuando la vida dobla su esquina, y detrás de ella, de improviso, la muerte cimbrea sus cascabeles. Tengo un sabor de boca, estraño y desapacible. Todo es precario. Nada permanece.
Perdonad si mi estilo no es correcto. Si la calidad del poema tiembla. Son versos urgentes, que se rasgan por la madrugada. De la pesadilla misma. Como cuando el teléfono suena y trae malvadas noticias.
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Hubo tiempos para dividir mi cuerpo y la cabeza por nada.
Llamando a la puerta por sonreír con putas en cueros lanceolados.
También supe que llegaría el tiempo de la viuda negra:
El ritmo rasta de la vida canalla.
Y dije: viste, muchacho, lo que se cuece.
Cuando el dolor se alcance a reposar su vaso (entonces) / habremos llegado.
Cuando se pierda la sombra, y me desdoble en quebrantos,
los lloros de las adormideras (entonces) / habrán llegado.
Ahora tengo cuatro brazos,
y si las cuentas me salen
dormiremos al raso
nos aventan las desgracias
y nos crecen los enanos.
La vida canalla se presenta por si sola.
Nuestro cuerpo desnudo y fragmentado:
Sueño una maquinaria de preposiciones ciega.
Te daré mi abrazo, si la muerte llega.
jueves, junio 02, 2005
El físico imaginario (parte 1 de 3)
Inspirándome en dicha anécdota, nació mi "Físico imaginario". Que lo disfruten.
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Levantó su mirada del plato, pesada, huidiza, hartada por los años, cansada de los memos y sus discursos envalentonados. Sus carillos colgaban hoscos y abotagardos por los hidratos de carbono, las grasas con las que abundantemente aliñaba las comidas. Y luego sonrío. Fue la primera vez que lo hizo en toda aquella presentación, como si en algún momento inmediatamente anterior pero desconocido para mi, hubiera escuchado, por fin, la frase que saciará su apetito feroz de empresario. Me dijo:
- Escucha hijo. Hace muchos años, en una pequeña aldea leonesa pérdida entre las montañas, un rapaz desapareció sin decir esta boca es mía. Eso sí, cuando volvió al cabo de los meses, aunque nadie supo donde estuvo, portaba consigo algunos pliegos y carpetas con diseños singulares.
Entonces tomó una servilleta de papel y se enfrascó en un sesudo dibujo. Al cabo, giró su obra terminada y me la plantó con manifiesta satisfacción.
- ¿Qué es esto? – pregunté aparentemente interesado.
- ¿Pues no lo sabe aún? – interpeló su joven secretario -: Es un móvil perpetuo.
- ... Un móvil perpetuo ... – repetí casi automáticamente, intentando comprender las palabras.
- Sí. – y comenzó su breve explicación – Es decir, un ingenio que permite girar un motor de forma ininterrumpida y sin intervención externa o fuente de energía.
Aquello me parecía una burla. Repasé mis anquilosados conocimientos de Termodinámica. Allí, ocultas por la pátina de los acontecimientos, quedaron las clases de mi primer curso en la Escuela de Ingenieros... aunque en un rapto de clarividencia balbucee:
- Bueno... según recuerdo ahora... este tipo de máquinas son imposibles...quiero decir, físicamente. - y continuó hablando, aclarándose la voz previamente, como si mi comentario hubiera de pasar desapercibido.
- Éste en concreto, es un diseño de móvil perpetuo clásico, bastante ingenuo, todo sea dicho, los entendidos lo clasifican dentro del grupo de primera especie, puesto que viola la primera ley de la Termodinámica, imagino que la recuerde usted: la ley de la conservación de la energía. La ley dice que ésta no se crea ni se destruye, sino que únicamente se transforma. Pero aún así, desquició a muchos sabios del siglo XVI y engañó a otro muchos, tiempo después.
- ¡No entiendo a que viene esto! – Insistí cada vez más irritado. Entonces fue que aquel gordinflón se revolvió en su asiento, se limpió la grasa de su cara y me apuntó con su barbilla. Hizo un ademán decidido de querer irse.
Su secretario sonrío cínicamente, detuvo a su jefe con un brazo y me dijo:
- Ha sabido gratamente contarnos su propuesta durante nuestro encuentro en el restaurante, la cual hemos sabido escuchar con paciencia. Permítame que le relatemos ahora nuestra historia. Y luego verá si le sirve.
Me encogí de hombros pues necesitaba a toda costa aquel contrato. Mi proyecto y mi empresa carecían de capital. Aquella frase oportuna y mi gesto supieron aplacar la rabia contenida del empresario y como contagiado de una felicidad a la par simplona e hipnótica, elevó su copa de vino, hizo un brindis tontorrón y continúo con su relato.
- Sabe, joven, a pesar de la farragosa explicación necesaria para comprender el sentido de sus dibujos, y las razones que permitirían que la máquina nunca detuviese su trabajo, el jovenzuelo, dotado de una imaginación portentosa, acertó con la argumentación y táctica necesaria para convencer a los aldeanos y elevar así sus expectativas: Fue, por aquí y allá, exponiendo primeramente las maravillas de su engendro, en el bar de la mina, entre chatos, aguardientes y bastos, soportando el sopor de la borrachera donde perdió innumerables partidas al cinquillo a fin de conseguir que los lugareños entendiesen el elevado destino de su misión; En la botica, donde en su tertulia semanal el alcalde y el maestro se explayaron en un mar de preguntas sobre el beneficio y usos de dicho instrumento en la industria moderna; Y finalmente en la iglesia, donde en su sermón, el mismísimo párroco atisbó la magnánima gracia del Señor al haberles obsequiados con tan sabio mecanismo.
Luego así todos, en la aldea, recibieron con sorpresa como el jovenzuelo se encerró en el granero de la familia y trabajó incansablemente, y como, discurrido un mes, presentó a la comunidad su invención: Una suerte ininteligible de poleas y cabos mal anudados, ruedas dentadas y engranajes de madera que supuestamente giraban unidos entre sí, siguiendo una lógica confusa, que a tal efecto él hubo denominado, la física del ‘impetus’ de los cuerpos.
En resumen. Con vivo escepticismo los lugareños se acercaron para ser testigos de la primera demostración práctica del prototipo. El chaval comenzó a enjuagarles con sus palabras ingeniosas, sus ripios: pronto ya nadie tendría que desplazarse kilómetros andando para hacer el camino entre las vecindades, ni sería necesario el agua del riachuelo para poner en marcha la muela del molino. Aquel nuevo motor que giraría y giraría día y noche sin fin, haría todo aquel trabajo por todos ellos... y mucho más; Era un símbolo de lo tiempos modernos que revolucionarían toda la comarca atrasada y apartada de la civilización europea. Pero aquel día el motor no fue puesto en marcha. Y sin embargo, pese a este pequeño detalle, la sorna y duda iniciales se trastocaron misteriosamente. Las causas, no las sabemos a ciencia cierta, pero era innegable que una extravagante inquietud poseía el ánimo de los asistentes: la oportunidad de alcanzar por fin sus sueños de progreso, quizás fue lo que, en definitiva, precipitó a las simples gentes del lugar a creerse aquel aparatoso galimatías.
(Continuará en siguientes mensajes)
domingo, mayo 22, 2005
Mi tierra.
Esta Castilla que Antonio Machado glosara en sus versos. Que Azorín perfilara con su prosa. Que Unamuno abrasara en su pensamiento. Esta Castilla que va derramándose, desangrándose en hermosura, que triguea eterna, y que con los años, se nos envejece sin poder hacer nada. Mis pueblos se mueren. Ya lo sabéis.
Castilla es mi tierra. Yo me crié por aquellas lugares; no me preguntéis porqué, el otro día confesaba a mi amigo Santi que necesito ver siempre horizonte enfrente de mis ojos. Una línea sobre la cual reposar mis pensamientos. Él es un formidable leonés del norte, hombre de estructuras verticales, acostumbrado a las crestas, a los picachos, a la verdura. Yo, sin embargo, quisiera arrancar un trocito del páramo yermo para acercarlo a la ciudad.
León y Castilla, ambas tierras (y sin olvidar al Bierzo, otro día contaré cosas de él), salvando las fronteras políticas (que poco me importan), tienen en común un severo languidecimiento. Una penuria que dura ya varios siglos.
Soy emigrante. Marché de mi tierra. Por cobardía, tal vez. Por necesidad, seguro. Ahora me acoge una urbe, calzada de asfalto, de contaminación: es Madrid. Y los viejecitos, en aquellos pueblos permanentemente olvidados de la meseta y las montañas que rodean a Castilla, se nos mueren. Las casitas de adobe. Los palomares de Valladolid. Los trigales. Los visitamos de vacaciones, y nos sonríen, son gente honesta, sencilla, que no esperan más de la vida cuando ésta les ha pegado tantos revolcones. Llegamos ruidosos, con nuestros vehículos diesel ultramodernos y cuando nos queremos dar cuenta, marchamos en caravana. Y haya se quedan otra vez solos.
Para finalizar, otra recomendación: si tienen algún tiempo, tomen el camino de Támara de Campos, en la provincia de Palencia, muy cerca de Fromista. En 1039, tuvo lugar allí una singular batalla, que produjo la primera unión de castellanos y leoneses. La villa, ensartada en la historia, conserva tesoros singulares como el órgano de San Hipólito. Por cierto, está iglesia estuvo a punto de desaparecer hace una década.
Retratos de lo que fue una tierra de héroes. A caballo por la meseta. Una tierra, ahora frágil. No lo olviden.
Título del cuadro de Sorolla: "Tormenta en Peñalara. Segovia."
jueves, mayo 19, 2005
Las tetas.
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- Follar bien, tío, moral de caballero. A todos nos hace falta. Un buen culo donde menearse. Nada de pajas, ¿entiendes?, quiero decir que están muy bien cuando tienes quince años o no te jalas un roscón, pero nosotros debemos reivindicar las buenas costumbres: follar y follar.
Ya desde pequeños hubimos de demostrar unas dotes especiales al ojeo. Madroño y yo de pura risa nos mirábamos, abrumados de nuestro afán clasificatorio. Era un amante rápido, veloz, precavido a zancadillas, ajeno a imprudentes romanticismos. Su sexo era próximo a un proceso digestivo. Dotado, vidente orgiástico, entusiasta de lo retorcido.
Algo desentrenado, eso sí, últimamente. Tomando café, muy chistoso, recordaba las veces que juntos salimos de safaris. Los meses de verano ofrecían espectáculos poco habituales. Mangas amplias, escotes y vuelos, ceñidos, labios y pezones pronunciados. Entusiasta nato.
Claro que había cientos de leyendas, hermosos desvirgadores de hembras, orgías y todo lo demás. Me lo explicaba muy lentamente, repitiéndolo mil veces. Cada gesto, una palmada, la ceja que contraía, el botellín de Mahou en la mano.
- Hay que vivir.
Apoyado en la pared frente a mí, fumaba. Oteaba con sus ojillos verdes, acechaba. Era todo un deporte.
- Ellas sólo esperan para que tú las entres. Eres demasiado buenazo. Quieren hombres, no tímidos... mira esa, a que te gusta, debes pensar que te la vas a comer. Hay que hacerlas daño, de otra forma ...
Hablaba así. Medio en broma o en serio, quién sabe.
- Claro que tiene razón. La tiene porque somos un par de mocosos con apenas veinte años, sin dinero, pero sobre todo con muchas ganas. Tiene la razón en que nuestras aspiraciones se reducen a bien poco: follar.
- Pero hay otras cosas.
- Costumbres burguesas.
- ¿ Cómo ?
- Tú y yo no tenemos coche. No hay pelas. No hay papi adinerado. No hay drogas. No hay emoción. A qué coño vamos a llegar. No quiero crecer, me jode verme trabajando y explotado, manteniendo a una esposa gorda, tres hijos, la hipoteca. No hay trabajo. no hay expectativas. Qué nos queda a nuestros veinte años. Lo sabes, justamente eso, los veinte.
Hay un ridículo juego consistente en creerse alguien importante, salir al centro, mirar los culos-culos, hablar con menosprecio. Pasear y creerse a sí mismo dueño. Pasear por la tiendas. Entrar y preguntar por un traje demasiado caro. Es nuestra estúpida destrucción, la de los llamados mediocres. Las tetas. Cientos de sujetadores transparentes, divertidos, ramificados.
- Leí que los pezones tienen conexiones nerviosas directas al clítoris de la mujer. Pueden sufrir espantosos orgasmos sencillamente si manoseas sus pezones.
No deseábamos crecer. Era fácil vivir sin más respondabilidades.
- Eres la hostia Madroño.
- Y tú un parao.
- Lo sé.
A los trece años perdió la inocencia ( así lo explica ) y nada pudo remediarse.
- Al principio yo también era como tú, dulce, amable ... pero mira, que me las dieron, y me los pusieron. Tú no sabes lo que jode cuando te engañan, como cambias. Imagínate en un baile, y ves como alguien le soba las tetas, y ella dejándose como una puta. Te vuelves malo. Pero tú eres aún así.
Menudos consejos.
- Lo peor llega cuando imitas esta maldad. Te gusta hacer daño, el dolor físico nunca es comparable a nuestro propio e interno orgullo dañado.
- Pero todo puede pensarse de otra manera. Imagínate. Ella se deja. Bien, puede que no sepas como manejarla. Ellas son más inteligentes que nosotros, nos seleccionan, en realidad nos dominan, son casi monstruos ...
- ... con tetas.
Cuando se nos había subido lo suficiente el alcohol, discrepábamos sobre como debíamos actuar con ellas, y casi nunca llegamos a conclusiones definitivas. Ellas adornaban terriblemente sus deformes permanentes. Existían sonrisas cómplices entre nosotros. Cinemascope a nuestros ojos, hablando de cine o de cultura, se resbalaban nuestras miradas en su escote, y aunque ellas parecían no darse cuenta ( en verdad toda ), continuábamos jugando a mostrarnos dignos en apariencia, y por dentro, un fiero instinto se cegaba. Al final, como buenos chicos, siempre invitábamos, deseando escaparse algún beso furtivo.
lunes, mayo 16, 2005
La soledad del cosmonauta (I)
Pues eso; En noviembre del año pasado, leía, como era costumbre www.ariadna-rc.com. Es una revista fantástica, os lo prometo (otro día os contaré como les conocí en vivo y directo). Un bastión de creatividad y buen gusto de la mejor literatura en Internet. Palabra, que no me gano gana por hacerles publicidad.
Pues allí, proponían un número especial, que titularon LA SOLEDAD DEL COSMONAUTA, un número inspirado en los primeros vuelos orbitales y las sensaciones de sus viajeros. Y solicitaban colaboraciones. Tuve la fortuna de que aceptasen la mía, tres poemas. Aquí os presento el primero de la serie, aunque no perdáis la oportunidad de visitar su sitio web, es imprescindible.
A base de sueños siderales
y mantecas luminiformes
he postergado comidas y delicatesem en el espacio
hoy rozo la yema del creador enseñoreado
y masturbo la sementera de mi traje hermético
hoy soy un guiñol del espacio
y bebo el ámbar del viento solar a solas
hoy repaso el crucigrama de pilotos verdes azules o rojos
dibujando la quimera de mi corazón galvanizado
hoy veo crecer la hierba galáctica por mis entrañas
alunizando entre mares cartografiados por la nostalgia;
A veces reposo estos pequeños paseos a escondidas
(en la soledad más absoluta)
recapitulo lloros insomnes de sonda
parecidos a las ondas hertzianas de viejas estrellas desaparecidas.
domingo, mayo 15, 2005
RETAZOS DE PRISIÓN (relato circular)
Nana para Raquel
"Esta pasada semana ha sido dramática por motivos personales. A estas horas, Raquel dormita en una cama de Hospital. Quisiera acunar su duermevela y con mi vocecita, acurrucar su corazón dolorido. Por eso escribí mis versos...
Ya sabrás porque
el lobo no existe, y
la comadreja tiene dientes afilados, y
mi vida,
pienso enviarte la Luna.
Cuando pares y escuches las cornejas
tendrás dieciséis razones para permanecer
viva.
Otras tantas te daré más
si cierras los ojos y
me besas."
lunes, mayo 09, 2005
Propuesta de lectura para la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión
Qué bien, ¿verdad?
Recuerdo que en una de estas compré, hace años, "Diario de una resurección", que fue la última obra de Luis Rosales.
Cuando leí este libro, os prometo, que descubrí en su madurez literata y serenidad, un camino emocionante para recorrer, de creador, y de poeta total.
Para animaros a leer el libro os añado este poema.
He caído tantas veces que el aire es mi maestro;
sólo puede acabarse lo que al vivir se olvida,
si nuestro amor fue siempre como una despedida,
cuando todo termine quedará lo más nuestro.
Ya he empezado a morir paara aprender a verte
con los ojos cerrados y pienso que es mejor,
para toda la vida no basta un solo amor,
tal vez el nuestro sea para toda la muerte.
martes, mayo 03, 2005
Cuando el primero terminó su ascensión, rebuscó dentro de la mochila algún pitillo. Sí bien lo encontró - esforzado superviviente - no pudo encenderlo; había perdido su mechero en la travesía. La espuma de las olas se divisaba chiquita. Diminuta. Una estrecha hilera de sombras se retorcía, casi detenida como los planos paisajísticos de un film americano.
Poco tiempo después llegó el segundo viajero: un fuerte negro de tierras adentro, prácticamente desnudo y que parecía hablar quién sabe qué lengua. Le hizo una torpe seña para compartir la roca donde descansaba. Sin embargo, con la respiración agitada se hundió entre la oscuridad de las matas y desapareció. La alborada despuntaba cuando elevó su mirada bien alto, empezaba a sentir el frío denso, agarrotando su musculatura. Escudriñó la subida para, mentalmente, iniciar un furtivo recuento. Vio los bultos brincando sobre la rocas, algunos brazos y cabezas sobresaliendo. Le saludaban o se despedían, lo mismo daba.
Después descubrió, por fin, iluminada por la primeras luces, la chalupa, galopando contra la marejada y con todas sus tablillas estremecidas. Había recorrido sus postreras millas y avejentada en extremo, exhalaba, el agua tomando sus rincones. Nadie bogaba y la deriva podría estrellarla contra la costa en cualquier momento. Sin embargo, todavía quedaban dos navegantes. Una mujer era llamada a gritos desde los riscos para que saltara. Entre sus brazos, arropado en un improvisado arrullo, su bebe. Casi volcando la barcaza lo aproximó para intentar hacerlo llegar al cantil de la despeñada. Un golpe canalla de mar arremetió y los alejó definitivamente del grupo de supervivientes.
En la desesperación, gritaron, al menos para que ella se salvase. Las olas arreciaron y la chalupa se perdió de vista...
Plantado al borde del acantilado estuvo oteando el horizonte, hasta que bien entrada la mañana la mar había devuelto algunos tablones y no hubo razón de permanecer más tiempo allí. Los todoterreno de la costera llegarían en breve.
lunes, abril 25, 2005
Un (re)encuentro.
Sin otro motivo especial, paseaba por Madrid. Madrid es una ciudad huérfana de cariño, la llaman así muchos; otros como yo, prefieren llamarla “ciudad privada”. Puedes pasarte años sin ver a nadie conocido, y tu intimidad se guarda celosa, como si fuese una cápsula a compresión.
Pues eso. Yo paseaba, la primavera rebotaba en los automóviles, su ronroneo acogotado, los pajarillos tímidos, reflejando sus primeros vuelos en las cúpulas doradas de los edificios del centro; hacía un fin de semana radiante y bien hermosote.
No sé porqué entré en el Retiro. Y me dirigí a la Feria del Libro. Imagínense, el griterío, la fiesta. Menudo agobio. Así que me senté en una terracita recoleta a vaciarme una jarilla de cerveza, mientras leía “Tres Tristes Tigres”. Evocador, ¿verdad? Así de tontorrones somos los poetastros.
Y créanme, pero a mi lado se sentó un antiguo compañero de Instituto de Valladolid. Al principio no me reconoció. Podríamos no habernos hablado de no haber sido por una ampulosa rubia que llegó y se sentó junto a él. El destino quiso que ella y yo nos conociéramos de algún curso intrascendente (Eva se llama, Díos mío, me contó que seguía buscando su Adán, hija mía, en la treintena) y por eso, educadamente me saludó. Alzó la mano desvaídamente y como mi soledad pareciera un poco fingida y ridícula, se acercó para ver que leía. Francamente, mi memoria, selectiva y frágil como la del resto de los humanos sí recordaba perfectamente a Eva, es especial sus pechos, sus caderas y su culito, en fin, su culito mucho más. Cosas de la vida. No crean que los poetas vivimos únicamente de pajarillos y cosas así.
Pues hablamos de alguna banalidad entrañable y cuando la conversación se agotó y nos despedíamos, mi antiguo compañero se aproximó para acompañar a la rubia, a Eva. Entonces fue cuando nos reconocimos. Fue una conversación breve, seguida de un intercambio de correos, una futil actualización de nuestro devenir, en fin, sin mucha trascendencia. Lo prometo, apenas me fije en él. La rubia llevaba las de ganar.
Pero he aquí mi sorpresa, que hoy he recibido un mensaje suyo. Y resulta que es lector de esta página. ¡ Saludos a mi compañero de Instituto !
Y os inserto parte de su comentario.
“... He leído tu blog. Me siento indignado de tu ñoñería. Pareces una panoplia hermética de escritor (¿qué cojones será esto?). Poemita arriba, poema abajo. Sniff, sniff, aja, aja. Intelectualillo cibernético...
Te propongo un juego: carteémonos y pega nuestros textos en tu blog. Compártelo con esa panda de cursis de tu experimento literario. Para escribir hay que vivir... y déjate de estrategias y pinturillas... deja de jugar con las palabras... ”
En fin. Veremos que resulta. Hoy he intentado cambiar mi estilo, en honor a él. A medida que me envíe sus textos los iré pegando por aquí.



