lunes, enero 16, 2006

Una simple lección de la vida


Cuando llegamos era tarde: el sol se ponía sobre las cumbres nevadas del puerto de los Ancares, y las torcedumbres de la carretera aterrizaban suavemente al valle, hostigado por la espesura y las bocas legendarias de los lobos.

En aquel tiempo, y de esto hace más de una década, todavía habitaba el último paisano del lugar una palloza. El edificio derrengado, hosco y feo, conservaba, no obstante, el indefinido inventario del remoto y torvo pasado de aquellas tierras. En la puerta, como siempre tenía por costumbre, acurrucado, descansaba el viejecito, arrugado, retozando los finales rayos de su existencia.

Pronto, en el bar, sorprendidos por la tardía llegada de nuestro grupo de expedicionarios campistas, nos dieron señal de la ubicación de su matusalén, aunque si bien, él hacia un buen rato que nos esperaba, quizás diríase, una eternidad.

Lo reconozco, señores, porque no entendí nada de la conversación con aquel viejo, puesto que utilizaba un singular idioma de encrucijada de tierras, mezcla de gallego, castellano y quien sabe si hasta de bable.

Fue un paseo largo, inabarcable a la memoria. Recorrimos juntos, muy lentamente, paso a paso el pueblito y entre los primeras candelas de la noche, aquel hombre, utilizando gestos simples y la profundidad de sus ojos, nos hizo ver porque las tierras no tienen dueños, ni líneas y las naciones las hacen los hombres con sus vidas a su uso y medida, generación tras generación. Como los costumbres vienen y van, los mundos-países se nos transforman. Es inexorable.

Aquel anciano fue el último de su estirpe, el postrero representante de un sueño caduco. Y a su lado, nosotros, los jóvenes discípulos dispuestos a aprender aquella simple lección de la vida.

Y a transmitirla.

miércoles, enero 11, 2006

Haikus del viajero de la cerveza

¡A los bares! Fuente de inspiración, y expiración, hasta
para muchos, de conspiración.

Con la cervecita al hombro, quién
no es poeta por estos lares, quién no desplega un par de ripios para
conquistar a los traseuntes.

-¡Camarera!, ¡Otro trago!¡qué tengo un par de Haikus para
piropearla con esmero!¡qué hoy malverso mi filosofía baratera!


1.

Tenían alma, luego bullían.

2.

Con la tiza escribió
el número uno y pensó:
el tahúr,
el zurdo y
el mago.

3.

Del futbolín,
el filósofo
con la cerveza.

4.

No vuela quien no
despega:

Con alas de palo
marinero de cartón piedra.

5.

En el bosque, la comadreja
roe la hura.

martes, enero 03, 2006

Salvaje 2006!


Feliz año nuevo,
estúpido malestar del vientre

somos pécoras sarnosas
rastrojos mendigos dolientes

hay cabañas asesinas
con muertos y crímenes luciferes

que nos enquistan los caminos
nos arrasan
nos magullan los dientes

Feliz año nuevo chico
pon en orden tu simiente

el que no llora no mama
y el que no sepa
a pedir paso-burra

a por otra,
que darán menos por más

y a ser valientes.

miércoles, diciembre 21, 2005

Natalicio


Por Navidad, Mikelow se vestía de charro, botonadura de oro y plata, y con su guitarrón y boca bronca se colaba en los garitos de Madison Street a cantar a las fulanas.

No sabía un solo corrido completo y por su acento de irlandés arrepentido, las frases en español sonaban ininteligibles o rajadas, pero al rasgar aquellas cuerdas, las mujeres quedaban seducidas y todas cantaban al son, tristes o enajenadas.

Fuera, las lucecitas de múltiples formas, los centros comerciales rebosantes y saciados o el propio estigma de unas Navidades nevadas. Y Mikelow no habría cambiado por nada aquellas veladas, y menos por una sesión jazz en la cocina con una rubia aterciopelada de Mahattan, porque en aquellos ojillos, las pobres mexicanas ilegales, se contenía la esperanza de un mejor tiempo por llegar, al otro lado de Tijuana, una vez cruzado Río Grande.

Por entonces nunca se acostaba con ellas y recogía papelitos con sus teléfonos para pincharlos en la nevera, como si aquellos pequeños testigos, justificasen por si mismos la propia venida del Natalicio.

miércoles, diciembre 14, 2005

¡Caleidoscopio de Ideas!


Lectores y amigos: al fin, alzamos el vuelo y os ofrecemos nuestro primer número de Caleidoscopio de Ideas.


Hacía cosa de medio año que nos juntamos para hacer realidad un sueño. En parte, éramos conocidos ya de tiempos lejanos, amigos de guerras pretéritas. Separados por nuestras obligaciones. Y otros nuevos: como los maestros, los mejores guías del medio donde habíamos empezado a bucear. Eso sí, todos emocionados.

Cuando publicamos nuestra editorial 0.1 ofrecimos la oportunidad de asistir al parto en directo de una publicación literaria. Teníamos nuestras serias dudas, y pronto se crearon las dos interesantes redacciones: una en Valladolid y la otra en Madrid. Al olor del café, las tapitas y las cañas, cuántas risas y cuántas ilusiones. Yo diría que hubo una etapa de reflexión, de donde salieron importantes refinamientos. Intercambiamos muchísimos correos electrónicos y tengo testigos que hubo unas cuantas horas de conversación telefónica.

Pasaron las semanas y llegaron los primeros vistantes de nuestros blogs personales: y nos alegramos.

Claro, claro, debía haber una línea editorial: por fin, un ideario, un marco que permitiera discernir las opiniones propias de cada autor y que parte componía la revista. Por eso decidimos que cada cual mantuviera su propio blog y que la revista naciera a partir de las aportaciones de cada uno de nosotros en un dominio propio e independiente.

Desde entonces hemos trabajado, quizás más para dentro que hacia fuera, con nuestros recursos limitados, con el ruido justo. Y aquí tenemos nuestro resultado: Caleidoscopio de Ideas.

Ahora sí, es tiempo que buceéis en la propuesta y si os seduce, os subscribáis a ella.

Lanzamos nuestra revista literaria aperiódica en el dominio www.caleidoscopiodeideas.com y por tanto, abandonamos el amable y amado blog de Google de caleidoscopiodeideas.blogspot.com.

Os esperamos. Os necesitamos. Y que os aproveche.

lunes, diciembre 12, 2005

Como llegar a rico sin dar ni palo


Llegan fechas de zambomba y villancico.

Para calentar la garganta, este romance de ciego:

La normas de la properidad laboral se escriben
en renglones torcidos. Dios me perdone.


"Como llegar a rico sin dar ni palo."

Tenga por bozal,
zanahoria y palillo
al pobre trabajar
por su librillo

y al hidalgo por su emblema,
entregado al brindis del sistema.

*

Que quien se levanta pronto
y tarde se acuesta
andará torpe y sin pitanza

de pasilleos líricos y vikingos
del socaire virgo del extravío.

*

Que la zanjas no cabes
con tanto esmero,
porque allí no hallarás
mucho dinero

sino vendiendo trigo si el trigo falta
o pintando plata con la matanza.

*

Atiende lo que te digo:

medrarás seguro con desatino
persiguiendo solo tus méritos enteros
sin conculcar con ahínco
aquellos ajenos.

Y no persistas en luengas vanas,
alquílate un esclavo por las mañanas,

y si bendices las cuitas de los mayores
hallarás con cumplidos sus lindos sabores.

*

Date cuenta lo que digo
no seas memo
sin oro no hay timo

y si otros llegan a ricos
únete al coro
que trabajar ya cansa

tira el pico lejos
monta una feria:
date larga holganza.

martes, diciembre 06, 2005

Spanish Texas


Un breve retazo de la novela en la que estoy trabajando. Os abro el corazón de uno de los protagonistas, que por el momento llamo Julián.

Sabrán que lo peor de los exploradores, de los veteranos de las cruentas guerras, de los guerreros y conquistadores glorificados de allende desconocidas tierras, siempre fue y había sido, claro está, su soledad. La soledad de Hernán Cortés, de Alvarado, de Cabeza de Vaca. El atril de la gloria. La historia acelerándose presta bajo nuestros pies. El turgente sabor de la prepotencia. Del abandono, el arte de la supervivencia. Julián no compartía con dichos prohombres e hijodalgos armas, escudo o celada. Tampoco hazañas o jornadas para que la posteridad le considerarse más tarde. Pero el caso era que ahora se le había despertado un instinto similar al de aquellos lejanos héroes, un instinto con el que había aprendido a vivir, dormitando en su interior, sin considerarlo, hasta entonces, necesario para su vida. Y ahora, inquieto, le producía cosquillas en el corazón. Cuando pudo domeñar aquella soledad, se hizo cargo absolutamente de ella, por fin, detrás de su puerta, apareció el vergel de las posibilidades estúpidas que hasta aquel día se había cercenado. Y como conquistador de su vida, cruzó algunos linderos, tomando posesión de nuevas veredas. Muchas veces no somos ni paisanos de nuestros corazones. Aunque tampoco seamos albaceas de nuestros destinos...

foto: Pedro de Alvarado, 1485-1541

viernes, diciembre 02, 2005

La memoria de Sabines


Jaime Sabines fue un fumador empedernido que no cesó de hablar del amor, la vida y la muerte.

Conocí su memoria hace varios años, allá por México, en un largo viaje a través del desierto,
muy cerquita de Querétaro.

Siempre he querido publicar algunos versos suyos. Estos de hoy me llenan de desconsuelo.

No sé que habrá tras la muerte, si seremos polvo o estrella, pero quisiera que las despedidas entre los seres amados fueran a lo sumo un hasta mañana, pero no un hasta nunca.

Leedlos y rumiadlos.

.....

Amor mío, mi amor, amor hallado
de pronto en la ostra de la muerte,
quiero comer contigo, estar, amar contigo,
quiero tocarte, verte.

Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo
los hilos de mi sangre acostumbrada,
lo dice este dolor y mis zapatos
y mi boca y mi almohada.

Te quiero, amor, amor, absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.

Te quiero desde el poste de la esquina,
desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo
donde se duerme un agua de amapolas.

Cabellera del aire desvelado,
río de noche, platanar oscuro,
colmena ciega, amor desenterrado,

voy a seguir tus pasos hacia arriba,
de tus pies a tu muslo y tu costado.

lunes, noviembre 21, 2005

Diseño Inteligente



El viejo Darwin paseaba aquella tarde con la tortuga, que bien sabido por todos, es un animal bastante más longevo que la especie humana. Hablaban descuidadamente. A Darwin le gustaba de aquella tortuga especialmente sus esquivos y lentos devaneos oratorios. Darwin le decía:

-Si Dios existiera habría sabido organizar una especie diferente.

Hubo un largo silencio. Los jilgueros brincaban sobre las ramas de un abedul próximo. De improviso, la tortuga le respondió.

-¿Diferente?- sus pesadas mandíbulas construyeron las palabras lentamente.
-Quiero decir más justa; Menos infame y terrible.
-¿Terrible?
-Fíjate en las hormigas: supervivencia pura, siempre sacrificando el interés del individuo. No existe egocentrismo. Son criaturas del planeta.

Llegaron a un acantilado. El sol equinoccial, rudo y exigente se ponía. Darwin se limpió el sudor que resbalaba del cuello de su hermosa camisa de lino.

-Él nos hubiera regalado esta maravilla sin ponerla bajo riesgo- y luego la tortuga concluyó aquel pensamiento, tras otro silencio -:Homo homini lupus.- Fue una frase sin par, larga, como hacía tiempo que no se escuchaba de boca de tortuga.

Darwin reclinó la mirada como confirmando la frase de su amiga y del bolso interior de su chaqueta tomó su libro de Tomás de Aquino para leerlo en voz alta.

De esta guisa, disfrutaron de las palabras del filósofo y sin darse cuenta les llegó la completa oscuridad de la noche.

Los dos ancianos reemprendieron su postrero viaje, de retorno a casa. Sus vidas se extinguían a cada paso que daban, aunque a sus pies, sin percibirlo tan siquiera, nuevas y extravagantes formas prosperaban azarosamente en la veleidad discreta de la existencia.

jueves, noviembre 17, 2005

"Gran Eva"


Mikelow:

en las calles de Manhattan
hoy los ejecutivos se masturban,

y se hacinan reservados
para cuadrar sus números impíos.

Hoy he visto sus burdeles,
vi los parkings de los bancos repletos;

Allí, fornicaban con los mendigos,
en la danza sorda de la "Gran Eva"


PD: Espero que aún recuerden a nuestro entrañable detective, Mikelow.

lunes, noviembre 14, 2005

Descuentos


La semana pasada fue complicadilla en mi vida profesional. Hasta tres veces me negaron. Esperé por puertas que finalmente no se abrieron y busqué palabras que nunca me llegaron.

Los siguientes haikus son el rescoldo de aquellos avatares. Cada uno de ellos encierra una lección aprendida.

*

El tigre dormita ocioso.
Hoy la presa disfruta con
la tregua descontada.

*

'Quick wins', 'Quick wins'!
Arenga el ejecutivo,
atormentado granjero de vanidades.

*

Hubo sumado, amasado dineros
y reconciliado descuadres;
Salvo las ganancias,
no hizo apaño de su vida descontada.

*

El poder del castillo
no reside tanto en el rey
como en las celadas del camino
y sus murallas.

lunes, noviembre 07, 2005

Haikus del Lunes


Uno

Son tiempos breves para el zángano,
muerto tras el acoplo,
más también para el expulsado por la colmena,
expirando ya su plazo.

Dos

En la bocana del puerto
las despedidas son
parte salitre,y parte,
océano barruntado.

Tres

Por momentos,
el éxito
y el fracaso saben igual.

Después, el tiempo discierne con entendimiento.

jueves, noviembre 03, 2005





Como en los patios de vecindad, siempre hay vecinos que tienden a mirar de puertas adentro. Son los vecinos que insistentemente nos exigen ampliar sus terrazas, que dejen colgar su aire acondicionado o piden bajar siempre la cuota, que joder, siempre se paga mucho. Así siempre, pidiendo, pidiendo, pidiendo..

Sé que es mal ejemplo, oigan, no tengo otro.
El otro día viajaba a Lanjarón. Y digan lo que digan no vi frontera alguna. Las montañas ni se enteraban de los colorines y líneas que los políticos trazan en los parlamentos, los olivos se entretejían al norte de Despeñaperros como si na. Por que son olivos y no personas para ver un posible monopolio del aceite de Jaén, por ejemplo. Crecen donde crecen.

Pocas cosas sé, pero esta es una de ellas: el hambre no admite patrias. Yo mismo soy inmigrante. Lloro, penita pena, el despoblamiento de Castilla. Mi madre me dijo que mi casa era aquella que sabría darme de comer. Y sin embargo, pobre Castilla mía, su mesta, sus caminos, sus almenares, qué solitos se nos están quedando.

Pero por otro lado, abro los libros de historia y ¡Dios mío!, que no me atrevo a decir quién tiene más historia, y cuántas arrobas de papel pesan más, si la tuya o la nuestra. ¿No les parece arrogante? Como si la historia pasara gacha por ciertas comarcas, ufana, entretenida en labrar tan solo las diferencias de algunos.

He visto a viejecitos del Bierzo hablando en su particular lengua de valle y sierra de Ancares, mezcolanza y riqueza por si sola: ni gallego, ni leonés, ni nada. Era un todo.

Y para no cansar: Ayer hice mis deberes. He leído el Estatut, disculpen la mención política, ayer escuché a partes y contrapartes y por el momento, oigan, que no me entero. Que me lo expliquen Vds.

Para pasar el rato, leo a Benedetti. Sé que no tiene nada que ver con el asunto (¿o no?), pero mientras nos aclaramos, tenemos un punto de reflexión (o de inflexión). Que bien hace falta.

La nación es una manzana
una roja invitante manzana
y no sabremos quién la morderá

la nación es una corneta
una ronca gastada corneta
y no sabemos quién la sonará

la nación es una langosta
una atlética horrible langosta
y no sabemos quien la matará

Ah, nosotros estamos por la Reforma
o sea ahogar las cornetas en su tinta
y comer las manzanas con su cáscara
e invitar las langostas al té de los domingos

claro que estamos por la Reforma
o -en otras palabras- contra la Reforma
y ya que el prestigioso colega nos recuerda
que el once por ciento de nuestros lactantes
son comunistas y útiles cretinos
nuestro próximos slogan tendría que ser
démosles biberones con arsénico

así estaremos moralmente preparados
para regar con método y tal vez con piedad
la tierra de los hombres de buena voluntad.

viernes, octubre 28, 2005

El portarretratos












De suma eternidad
de pétrea longevidad
de verdad
y de ti

amueblo mi vida
de fancine tecnicolor

tengo un arca de madera
y un portarretratos de plata usado

sé que en mi cartera caben
más que folios rotos

a veces duelen lento
a veces pesan tanto.


lunes, octubre 24, 2005

Lo escuché de un anciano


Lo escuché de un anciano, ya ciego, apostado en una esquina del Albaycín. Juraba que los moros habían ocultado un tesoro en Granada, puede que en alguna cueva del Sacromonte. Y Olé. Eso debió ser hacer la tira de años, huyendo ellos de Granada, cuando los Santos Reyes Catódicos dilucidaron su segunda hégira.

La historia parecía convincente porque sí no, digo yo, ¿qué hacían todos aquellos turistas paseando calle arriba, cuesta abajo, en chanclas y fotografiando la ciudad? ¿Qué buscaban? Pensé que seguro alguien más sabía lo del tesoro, se había corrido la voz o tal vez aquel vegete había cantado a diestro y siniestro y aquellas gentes, los alucinados turistas, no iban a parar hasta encontrarlo. Había, pues, que darse prisa si yo quería ser su rescatador. Y el viejo hincaba las cuencas de sus ojos, albura de salina y elevaba su mirada hacía el vacío, quien sabe si hacia Generalife, quizás hacia Plaza del Salvador.

Le di unas pocas monedas para que continuará su relato: en realidad, todas aquellas tierras habían pertenecido a los tristes moritos. Nosotros tan solo tuvimos por misión acompañarlas durante su ausencia, hacía ya casi medio milenio. Casi. Y muy pronto vendrían, vencido el arriendo. Como infatigables caseros que fueron, querían las bellezas de Granada restituidas. Todas, hasta aquel particular tesoro, escondido en cualquier recodo de la ciudad.

Borracho de melancolía (era la tarde de mi partida después de un accidentado fin de semana) le creí todo, punto por punto.

Ahora, adormilado en el TALGO y de regreso a Madrid, vagón número dieciséis, repaso las instantáneas que tomé aquellos días por si hubiera mayores pistas. Espero que ningún otro se haya percatado, pero ya tengo recopilada una singular lista. Y no pienso publicarla, so pena que en un descuido se revele el enclave definitivo del tesoro. Lo quiero todo para mi. No le diré nada al anciano, de eso estoy seguro.

En fin. Ciertas o no mis suposiciones, serán excusas para escaparme otro fin de semana. Porque todos los que fueron hacen certera promesa de regresar algún día, tarde o temprano. Eso dice hasta la canción.

Y fíjense, todavía deben quedar soñadores. Aunque muchos nos llamen crédulos. Pero somos más de lo parece, muchos los que visitamos Granada. Siempre para volver.

Viaje (galáctico) de Antonio Machado





Hace tiempo que os hablé de la revista electrónica Ariadna.

Parece increible, pero permanecen fuera aparte de la moda fiera esta de las bitácoras. Por algo será, que será que lo bueno ni abunda ni es necesario vestirlo de sedas o tules. Es bueno por si.

Publican poco, y ahora he leído su número de otoño. Canela fina.

Tuve el honor, a principios de este año de que me publicasen unos poemas: LA SOLEDAD DEL COSMONAUTA.

Ahí va el segundo, titulado: Viaje (galáctico) de Antonio Machado


Caminante no hay camino
sino estelas...
El cosmonauta sueña
su feto flotando por la cosmografía del vientre materno


(a merced del silencio)

la noche parecida al líquido amniótico
y la vía láctea con su cordón umbilical.

Porque fueron voces que recuerdan antiguos paraísos arcanos
y son laberintos resonantes que jamás nos devolvieron

(a merced del silencio)

serán destinos secuestrados de un largo viaje
que fue, en parte, feto castrado

y en todo, naufrago de mar.



miércoles, octubre 19, 2005

Shi Hengxia


Furong Jiejie, Sister Furong, Sister Lotus, Sister Hibiscus: Flor de loto, joven hermosa.

Todos quieren serte, todos quieren compartir tu entrada en Wikipedia. Ni Galieo ni Newton ni Proust. Todos.

Ya sé que eres torpe, engreída, altanera y tal vez viciosa. Ya sé que eres el espejo donde mirarnos la caspa global, nuestra miseria y vacío, nuestra obesidad, tu pecho caído.

Pero amo tu simplicidad como se ama la tarde que se va, para dejarnos.

Sé que mis palabras no contribuyen al talento cósmico, que se derretirán en la boca. Pero no dejes nunca de bailar, tienes tras tu figura mil millones de seres amarillos que temen mirarte con concupiscencia.

Y ya son tres mil millones en el planeta. Yo uno más.

martes, octubre 18, 2005

Cuéntame como pasó.

Para aquellos lectores españoles que vieron el pasado programa de "Cuéntame como paso" (http://www.cuentamecomopaso.net/).

Allí, Carlos Alcántara leyó en público con gran revuelo, en la emisora nacional, el poema "EL CRIMEN", de Antonio Machado, poema que fue prohibido durante la etapa francista.

Os confieso que siempre ha sido unos de mis poemas preferidos, poema referente de los mundos de Lorca y Machado. Y creo que de todas los poemas que trazán el asesinato del poeta, éste es el mejor con diferencia.

Aquella misma noche se lo leí a mi mujer, que no lo conocía hasta entonces, casi de memoria. Sin embargo, en el capítulo de la serie, eché de menos que el poema fuese leído, completo, en altavoz, en primer plano, que todos los oyentes de la emisora nacional en "primetime" lo retuviesen. Por eso escribo estas líneas, para que aparezca completo y lo voceo, llegue donde llegue.

Y para los compañeros americanos y el resto: ya sabéis que Lorca fue maricón, poeta, señorito culto, en fin, diferente al resto, señales suficientes para liquidarlo. Corren tiempos difíciles, porque en el mundo, miles de Lorcas son asesinados en dictaduras por razones similares.

Este poema, por eso, sigue teniendo sentido. Y más.

EL CRIMEN.

"Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos rezaron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en al frente y plomo en las entrañas-
...Que fue en Granada el crimen
sabed-¡pobre Granada-, en su Granada..."

lunes, octubre 10, 2005

La máxima recompensa


En las viejas ollas de mi madre se cocinaron tantos platos que no cabría lista o libro redactado para contener la minuta. Kilos y kilos de puerros, alubias, lentejas, arrobas de garbanzos, incontables cuencos de sal gorda o fina junto a mares de granos de pimienta.

Canturreaba coplas de la Piquer, mientras removía los pucheros con el ojito bien pegado al borboteo del agua. Mi madre fue siempre una mujer paciente: supo deslindar sus largas horas junto al cocido... casi la misma perseverancia del agricultor, que día a día miraba al cielo por si las nubes trajesen pedrisco.

Siempre me pregunté de donde sacaba aquellas ocultas habilidades; estirando las sobras para reclutar los platos del día siguiente, en pertinaz y fecunda lucha con los precios de la plaza, hubo cargado (literalmente, arrastrado) toneladas de viandas a los fogones de la cocina para así remedar nuestros gustos antojados de infantes.

De ella aprendí muchas cosas: que la gula es pecado, aunque también lo sería dejar restos de comida en el plato.

Recuerdo que fue la cocina un coto vedado al desaliento. Me sentaba en lo alto de la silla de fornica, las patas cromadas y espigadas, mis piececitos colgando, y me atolondraban sus movimientos dirigidos para la disección precisa del pollo, la mondadura de la patata, o tal vez, el rebanado preciso de la cebolla.

Cuando los fuegos bullían ocupados por las frituras, cocimientos y guisos, mi madre se detenía y descansaba. Entonces me miraba y asentía con la cabeza, enarbolando una inmensa sonrisa, como quien se regocija de la lección bien enseñada.

Entonces tomaba un gran tazón de leche y se detenía a compartirlo conmigo. Sentados en la inmensa mesa que dividía nuestra humilde cocina, me contaba luego noticias sobre mi padre, lejos, tan lejos en la mar (pues fue marino mercante), y será por esto que aquellos vapores y humos de lumbre siempre los asocié con tierras lejanas, a los océanos y mares del Índico. Y aunque los platos que nos preparó durante aquellos largos años no fueron ni exóticos ni sofisticados, siempre me pregunté, cuando tiempo después hube visitado aquellos parajes remotos, por qué las playas paradisíacas no tenían aquel regusto a cazuela de bonito. Y por qué en los puertos de la Patagonia, las vacas mugían desconsoladas, ajenas al aroma de su propio estofado. Y por qué las naranjas de California no sabían a la base de bizcocho de las tartas de los domingos.

Mi primer mundo fue descubierto por las manos cocineras de mi madre.

Y ahora que he envejecido y mi madre marchó hace tiempo, cuando vuelvo a casa tras abandonar la oficina o después tras un presuroso y hastiante peregrinaje comercial, cuelgo los bártulos para navegar así por las perolas y sartenes de mi cocina. Todo suena a rito renovado: La bruja de Macbeth conjuró los espíritus en su caldero. Yo convoco los míos: las lágrimas de la cebolla, el sofrito, los medallones de merluza... todo tiene su lugar, el lugar de las cosas importantes; mis sueños se concilian, mi torpe realidad externa deja de preocuparme un ratito.

Sé que pronto cocinaré para mi hijo. Desearía trasmitir con fidelidad las enseñanzas de mi madre. Cuando sus manitas tropiecen con la cuchara guiada hacia su diminuta boca abierta, habré comprendido el fin de la sonrisa de mama. Ella hubo aprendido de la abuela que los guisos de la cocina guardan el amor más entregado y nutricio: el amor que no espera otra recompensa.
Aquellos guisos dejaron grabada la lección en mi corazón. Y si luego rememoro las recetas (y las ojeo, apuntadas a los márgenes del librillo que me regalase al marchar de casa), las dictaré en voz baja, imaginando como ella misma condimentaría pacientemente los platos de su nieto, el nieto que habrá de continuarnos con voz renovada de familia.

lunes, octubre 03, 2005

Fragmento de Spanish Texas


Permitidme que os muestre un fragmento de "Spanish Texas", un pequeño proyecto en el que estoy trabajando estos últimos meses.

Aquel lunes había vomitado lo suficiente como para levantarse demasiado tarde. Era medio día. Se sacude la cabeza y descalzo, se arrastra al cuarto de baño. Su rostro, en el espejo, le produce cierta sorpresa. Se frota la nariz y saca la lengua con sorna: será la imagen (misma) que se refleja en aquel marco descolorido, el garabateo de sus fauces, su inmensa barrigota flácida. Se desnuda, arrojando lejos el pijama. Manipula el grifo para que salga agua caliente, y mientras espera, se golpetea los muslos. Al son, tararea. Ritmo mágico, oriundo de playas lejanas. Tal vez una bachata machacona de no sabe que cedé de moda. Contra el rumor de la ducha oye que lo llaman por teléfono. Una, dos, tres veces. Espera con satisfacción a que salte el contestador: era la secretaría del bufete, recordándole la fecha de entrega. Jodidos impacientes.

Con el paso de los minutos empieza a recordar y su cerebelo se despereza; aquel bar de copas, la música de fondo, el dance con las putas. La noche pasada: le parece un camino largo, recorrido hace casi una eternidad, impreciso, que se dibuja en su memoria como una ensoñación acaramelada. Se siente sencillamente realizado, feliz, ya no recordaba cuanto tiempo hacía que fumaba marihuana o se iba de nenas. Ahora que lo piensa le gustan cada vez más, y sobre todo, las putas negras. Como la chupan. Como se menean encima. Como hincan su culete. Le gustaba pagar, por supuesto, y más ahora, que por fin podía hacerlo. Con la billetera llenita de euros. Llegar a la güesquería, acomodarse en la barra y esperar a que le entren a uno. Desvanecerse con las luces rojas y cutres de la barra. Ayer, por fin, pudo visitar su pequeño paraíso, patrocinio feliz de los familiares de Laura Buendía. Y se ríe: jodida ironía, aquella triste niña muerta, encontrada con un picha floja; se le ocurre que quizás Laura completase su tercemundista salario en la productora haciendo de buscona por horas. Terrible contradicción. Si fuese del tal guisa, la muerte de la niña había pagado su revolcón. La puta pagando a la puta. Todo queda casi en familia.

Entonces, con el chorro de agua hirviendo sobre su cara, empezó a comprender que algo gris sucedía, y no sabía cómo, había encontrado un nuevo pedazo del puzzle; saltó con prisa, dejando el reguero tras sí. La toalla anudada hasta su dormitorio. Sobre la cama, despanzurrada, la carpeta y las fotos del accidente. Los cuerpos ensangrentados, la nieve, los rostros desfigurados:

-... Ya sé quién cojones eres, jodido muchacho...